ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Navidad del Papa Francisco

22 de diciembre de 2013

Bien se ve lo bien que conoce el Papa a la Iglesia. La exhortación apostólica que acaba de enviar a todos los miembros de la comunidad católica constituye una destacada y notablemente honesta reflexión por escrito acerca de la condición actual de la institución, de su deber ser y de su quehacer en los tiempos que corren; una reflexión profética hecha con sencillez y mucha profundidad.

 

El Papa recuerda a todos los cristianos que evangelizar es comunicar vida y alegría, más allá de doctrinas descarnadas o normas estoicas, pero este trabajo enfrenta no solamente los obstáculos de un mundo secularizado, que prefiere inventar a Dios que oírlo, enfrenta de igual manera el obstáculo de las inercias internas de la comunidad cristiana e incluso la presencia de personas que conociendo muy bien la teología parecen descuidar la caridad, textualmente el Papa dice en los números 98 a 100 de la citada exhortación:

 

“Dentro del Pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras! En el barrio, en el puesto de trabajo, ¡cuántas guerras por envidias y celos, también entre cristianos! La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica…

“A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis: «En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros» (Jn 13,35)… ¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos…

“Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”.

Ante una denuncia tan audaz y sin precedentes a algunos cristianos podría pasarles lo que relata la fábula del zorrillo y los conejos: éstos abrigaron al zorrillo en su madriguera, pues llovía, al poco rato el olor era insoportable, así que el conejito menor se atrevió a decir: como que aquí alguien huele mal, eh? A lo que de inmediato el zorrillo añadió ¿quién será? En efecto, muchos cristianos podríamos estar haciendo justamente lo que el Papa denuncia y ante tal advertencia ponernos a pensar que lo dice por otros, de ninguna manera por nosotros mismos.

 

El Papa Francisco ha dado al mundo un gran regalo de navidad con esta exhortación, un regalo cuya finalidad se cumple en la medida que se le tome en serio, se apliquen los correctivos adecuados, y se cultive todo lo bueno que existe en la comunidad en función de esa misión “de salida” que el pontífice propugna. Lamentablemente un regalo que acaso otros ni siquiera se atrevan a abrir, o una vez conocido su contenido prefieran volverlo a guardar. Ya se ha vuelto muy común celebrar la navidad sin la presencia del festejado, igualmente se le puede aplaudir al Papa sin hacerle el menor caso.