ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La reforma educativa

6 de enero de 2013

La lucha contra la inseguridad y la delincuencia lanzada por el presidente Calderón fue criticada sobre todo por su carácter improvisado: entre otras cosas no se previó el perfil de quienes habrían de realizarla, tampoco se adecuó el sistema judicial para enfrentar los resultados, ignoró la condición de las cárceles, e hizo muy poco en materia de prevención, haciendo uso exhaustivo de la represión.

 

Ahora el nuevo presidente lanza la reforma educativa, justamente porque en materia de previsión, nada es tan importante como la educación. Aunque ya justamente hubo quienes señalaron una omisión esencial en el proyecto, la condición de las escuelas normales, se debe pensar también en un factor fundamental en lo que mira a esa reforma educativa.

 

Cuando uno observa los grandes resultados que en todos los campos suelen dar los países con un alto nivel económico se piensa de inmediato en la educación como una de sus explicaciones más evidentes, lo cual es cierto; enseguida se da el paso precipitado de querer copiar sus programas y sistemas, comprar sus tecnologías educativas y hasta importar capacitadores, sin advertir que hay un previo en esos países que no existe en el nuestro y que no está necesariamente incluido en los programas o tecnologías que se busca imitar y adquirir, se llama idiosincrasia y por lo común ésta suele ser un conjunto de actitudes ante la vida que cultiva determinados valores.

 

Una de las características de estos envidiados países, en lo que a idiosincrasia se refiere, es que su gente tiene el espíritu de hacer las cosas bien, van por la perfección, por la exactitud, por el perfecto ensamblaje, por una extrema dedicación que exige concentración y disciplina, lo mismo si se trata de la sofisticada filigrana de los orfebres asiáticos aplicada a las artes, que de su no menos sofisticada capacidad para la orfebrería que exige su avanzada tecnología. Lo mismo ocurre con las potencias europeas: la comunidad está aplicada a hacer bien lo que hace todo el tiempo, por eso su gente es impecablemente puntual, por eso también los engranajes de su sistema de vida funcionan con admirable exactitud, y saben cómo enfrentar sus crisis. Para lograr estos resultados no han necesitado ni siquiera de maestrías y doctorados, aún la gente del medio rural o la que no llegó a los altos grados de la educación, tiene esa misma actitud, unida al respeto, lo cual se ve desde la limpieza de sus calles, parques y colonias, en la solidaridad laboral, en el amor genuino al trabajo muy bien hecho, y en el esfuerzo sostenido.

 

Pero nadie puede mejorar lo que hace si no es por medio de una férrea disciplina, esa disciplina dura y tenaz que explica los muchos premios que logran los deportistas mexicanos con discapacidades, frente a los pocos resultados que dan los deportistas que, teniéndolo todo a su favor, carecen de disciplina, de carácter, de actitudes a favor de hacer siempre mejor lo que hacen.

 

La reforma educativa debe incluir un vasto programa para la transformación de las actitudes sociales del mexicano, comenzando desde el ámbito familiar, crisol que fragua el carácter de los niños o lo echa a perder en aras de no exigirle, de no hacerlo sujeto de las obligaciones que debe adquirir a medida que va creciendo. Esta reforma social tendrá que apostarle mucho al campo de la responsabilidad social, y en su momento, deberá contar incluso con las medidas correctivas que las circunstancias exijan, aplicadas desde otra postura, desde luego, y al margen de la corrupción.