ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Romería de Zapopan

17 de julio de 2016

En menos de tres meses tendrá verificativo la romería anual de Zapopan. Los niveles en que este acontecimiento puede ser analizado son diversos, dejemos por un momento el campo de lo religioso e incluso el aspecto cultural, tan rico y expresivo en esta celebración, y detengámonos a pensar en su aspecto social.

 

Las evidencias muestran que todo conglomerado humano requiere de momentos y espacios para reunirse y desarrollar acciones tendientes a la afirmación de su identidad, de sus raíces, y de sus mismas expectativas existenciales. En estas concentraciones los asistentes se respaldan, se reencuentran, se alientan y se fortalecen como comunidad, lo cual favorece el que igualmente se expresen y busquen hacerlo por medio de todos los recursos que su propio ingenio y creatividad les permite, ya se trate de un evento estático o de una reunión en movimiento, pero sobre todo tratándose de una concentración que además tiene ya una raigambre histórica de siglos. Difícilmente habrá una ciudad en el mundo que no tenga esos acontecimientos anuales, de algún modo cíclicos, en los que la multitud asistente se renueva y se alimenta, de ahí su trascendencia; en estos conglomerados la gente aporta pero siempre es más lo que recibe. En algunos casos estas celebraciones recurrentes tienen un carácter profano, en otros muchos es de carácter religioso, lo cual desde luego no altera su lectura sociológica.

 

La romería de Zapopan es una concentración multitudinaria que se autoconvoca, no requiere ni ha requerido nunca de ningún tipo de promoción, invitación, obligatoriedad o presión vertical, es decir, la que emana desde alguna autoridad o institución. Se construye cada año por sí misma en cada familia, colonia y barrio de la zona metropolitana de Guadalajara; también en otros espacios de la geografía nacional y de la norteamericana, pues los migrantes de estas tierras han reconstruido la tradición ahí donde viven, para luego hacerla confluir en esta gran fiesta del 12 de octubre.

 

Paradójicamente numerosos habitantes de Guadalajara o se han marginado del acontecimiento o son por completo ajenos a él, de la misma forma en que la gente que habita en cotos residenciales o colonias súper privadas transcurren sus vidas al margen de la cultura tapatía; han oído hablar del Centro Histórico pero en su vida han estado en él, a menos que de pronto la suerte los favorezca y ocupen un cargo público que los hace ir al palacio municipal o al de gobierno, o hallen la oportunidad de  lanzar proyectos de última generación para un Centro Histórico cuyo origen y dinámica desconocen y jamás les había importado.

 

A esta especie pueden pertenecer quienes ignoran la singular raigambre que ha tenido en esta ciudad la romería de Zapopan, al punto de que hubiese sido necesario construir con los recursos de la ciudadanía una vía especialmente adecuada para el desarrollo de esta célebre manifestación, y que ahora los trabajos de la línea tres han interrumpido, esperamos temporalmente, con la amenaza de que una peatonalización de la avenida Alcalde usurpe a los tapatíos este espacio que ellos mismos hicieron para la llevada de la Virgen. ¿Lo permitiremos?