ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Suprema Corte

25 de julio de 2010

El establecimiento de una Suprema Corte de Justicia para la Nación fundaba la certeza de un Tribunal Superior de apelo que dirimiera con estricto apego a la ley aquellos asuntos que, agotadas todas las instancias, requiriesen de su participación. Una institución semejante no fue invento de las modernas democracias, hunde sus raíces en los antiguos consejos de ancianos de casi todas las culturas. En esos lejanos tiempos el anciano era signo de sabiduría, respeto, ciencia y autoridad, de ahí que se les confiara la grave responsabilidad de impartir justicia desde el más alto nivel, a cambio de lo cual no recibían otro pago que la satisfacción de formar parte de tan selecto grupo, al que se empeñaban en dignificar emitiendo sentencias justas.

 

En México esta institución está nimbada de títulos grandilocuentes como el calificativo de “suprema” y el de “justicia”, pero sujeta a los tiempos que corren se ha visto manchada en primer lugar, por los excesivos salarios que reciben sus integrantes, y que hacen palidecer el concepto de justicia que representan. Nadie duda que los supremos jueces posean conocimientos especializados en lo que mira a la interpretación de las leyes, pero al igual que no pocos intelectuales, se cobran sobradamente los conocimientos que tienen.

 

Aspecto todavía más grave es la percepción social que están dando, cada vez más a la vista, cada vez más involucrados en todo tipo de asuntos, cada vez menos libres frente a los poderes, en principio separados, a los que parecen seriamente empeñados en satisfacer. Asunto de peculiar importancia en estos días ha sido su fallo a propósito de la modificación de las reglas en orden a las jubilaciones de los trabajadores, que habiéndose celebrado de acuerdo a otra base, ahora simplemente se modifica, poniendo en riesgo a miles de trabajadores mexicanos de perder una parte importante de los ingresos a que tienen derecho, ya que el dinero de los jubilados no es un regalo del Gobierno ni del Seguro Social, sino el fruto de su trabajo, ahorrado en instituciones públicas que han resultado ser bastante deshonestas.

 

Es una paradoja penosa e imperdonable el que estos señores jueces, bien regodeados en sus ofensivos salarios, se den el lujo de legitimar el que se le quite a la gente que sí ha trabajado y muy duro, el de por sí poco ingreso que reciben, si bien, tazando la rebaja en orden al número de salarios mínimos percibidos. Dicho de otro modo, en este país lo mismo da estudiar que ser obrero, desempeñar un trabajo no calificado que desarrollar uno calificado, pues con esta reforma unos y otros acabarán percibiendo lo mismo, no así sus “señorías”, ellos seguirán ganando una fortuna, tan voluminosa, que no requerirían jubilación, aunque dese luego no estén dispuestos a renunciarla.

 

Curiosamente han sido los organismos patronales los primeros en denunciar tales manejos de la Suprema Corte tachándolos de robo al ahorro de los trabajadores ¿qué opinarán los Sindicatos? y sobre todo, ¿qué opinan los directamente afectados?