ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Las condiciones de la fiesta

12 de septiembre de 2010

Si las condiciones para celebrar al país dependieran de cómo le está yendo al país en este momento, o de la calidad, acierto y eficacia de sus gobernantes, incluso, de la calidad misma de todos sus habitantes, pues definitivamente no tendríamos mucho que celebrar.

 

Sin embargo, con la nación sucede lo mismo que con el cumpleaños de un individuo, celebramos el hecho simple y llano de existir, de tener vida, de lograr un año más de vida, en ocasiones de haber sobrevivido un año más, pero sobre todo, el hecho de que la vida que se tiene es siempre garantía de proyecto, de trascendencia, en lo que mira al futuro, y patrimonio de experiencia, de esfuerzo, de empeño, en lo que hace al pasado.

 

Desde luego nuestro país tiene mucho que celebrar. No precisamente su naturaleza y paisaje, del cual no hemos sido sus autores, pero sí su crecimiento y desarrollo, su cultura, sus tradiciones, su capacidad para actualizarse, renovarse, y en ocasiones reinventarse. Pese a muchos aspectos que en el momento actual definitivamente ya no funcionan, comparativamente sí que hemos obtenido numerosos logros, desde aquellos lejanos años en que nuestros antepasados, europeos y americanos, decidieron ponerse en paz, aceptar los hechos, y construir más o menos juntos una nueva cultura desde una nueva nación, peninsular, africana e indígena, criolla y mestiza, multicolor, multifacética, multicultural y sí, por supuesto, multicompleja.

 

No nos aniquiló España, ni fue nunca su intención; tampoco lo ha logrado Estados Unidos, pero sobre todo, no nos hemos aniquilado a nosotros mismos a causa de nuestras divisiones intestinas, a nuestra propensión al radicalismo, a los periodos largos de guerras civiles, a los paisanos saqueadores, a los gobiernos que fracturaron nuestra precoz independencia endeudándonos con medio mundo, a los compatriotas elitistas y explotadores, a los triunfos patéticos y endémicos de la corrupción generalizada, al quebranto de principios y valores, a la venalidad de nuestras instituciones.

 

A 500 y a 200 y a 100 años de experiencias difíciles, de luchas justas e injustas, de encontronazos culturales, de amenazas genocidas en ocasiones cumplidas, esta sociedad que por 3 siglos fue virreinal, y ya casi por 2 ha sido mexicana, cumple años, y esto ya es en sí mismo un gran logro del cual tenemos que sacar compromisos concretos y realistas para continuar, por lo menos, con el más sencillo y natural de los proyectos, seguir siendo, y serlo de tal modo que dé gusto y orgullo.

 

Finalmente hay que advertir que tiene nuestro presente las condiciones típicas que forjan a las grandes personalidades, a los héroes del futuro, a las gentes de carácter y casta, a los hombres y mujeres visionarios que saben ver lo que nadie, y hacer lo que la mayoría repulsa. Nuestra expectativa como sociedad es coadyuvar a que esas personalidades efectivamente se den, pues el tiempo las requiere.