ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Las nuevas campañas

30 de abril de 2017

Sería prolijo exponer en este espacio toda la serie de compromisos a que se obligaban los candidatos que hace cinco años contendían por presidencia y gubernaturas, lo urgente sería preguntarnos si luego de este periodo de tiempo en algo ha mejorado la realidad mexicana, si sigue igual o incluso, si ha empeorado.

 

Para responder a esta cuestión conviene recordar que cualquier persona que desempeña un cargo lo hace no para pasar el tiempo, no para mantener el estatus de la empresa, municipio, estado o país que preside, sino para promover un progreso efectivo y verificable, así como la solución igualmente constatable de los problemas enfrentados. Si se elige a un gerente no es solamente para llenar la vacante con alguien de “confianza”, sino para que aumente las ventas, mejore el clima laboral del negocio, innove estrategias y productos, se allegue del personal más cualificado, dinamice la gestión; si de pronto un empleado muestra haber hecho muchas de estas coas, pero sin que la empresa crezca ni supere sus problemas internos, entonces ha fracasado y se le deben pedir cuentas, en lugar de promoverlo para un nuevo cargo, mucho menos si éste es de mayor responsabilidad. Cualquier persona que se mueve en el mundo de los negocios lo sabe perfectamente, de ignorarlo, va a la quiebra. Y sin embargo eso no ocurre en el mundo de la política mexicana.

 

En efecto, en el ambiente político lo importante no son los resultados sino los padrinazgos. Eventualmente también sucede en algunas empresas que se convierten en clubes de amigos y parientes dedicados a felicitarse por todo tipo de aparentes logros sin preguntarse jamás cuál es el beneficio directo logrado, y no se lo preguntan porque saben que es nulo, es puro relumbrón para aparecer en los periódicos.

 

Cinco años después, y en vísperas de un nuevo temporal de campañas y promesas, tenemos que tomar conciencia de que la mayor parte de nuestros funcionarios han fracasado justamente en lo que era lo más importante y decisivo para el presente y el futuro del país, y que no obstante su estrepitoso fracaso, ya se andan postulando para nuevos cargos como si su pasada gestión hubiese sido exitosa; diputados, senadores, alcaldes, regidores, gobernadores y lo que se junte, que durante todo este periodo de tiempo no hicieron nada que fuese en verdad significativo, ahora aspiran a un nuevo puesto para hacer lo mismo.

 

La urgente reforma del sistema político solamente recibió pequeños remiendos que ya se volvieron a romper, el ejercicio de la justicia empeoró, la gestión pública, aún de los partidos más nuevos y presuntuosos no hizo sino repetir las mismas acciones torpes y amañadas, la condición económica del país se hundió todavía más con una moneda devaluada, una deuda exorbitante, una nómina desproporcionada, desfalcos escandalosos, reformas retrogradas; la pobreza creció, disminuyeron las posibilidades de crecimiento y desarrollo, la inseguridad se ha vuelto cotidiana y expansiva y la nación entera sigue a merced de los cárteles delincuenciales ¿Qué ha sido entonces lo bueno? Desde la gestión pública, muy poco, desde la sociedad infinidad de cosas, la primera de todas, el que la gente siga trabajando a pesar de los mil y un obstáculos provenientes de la administración pública en todos sus órdenes y niveles. Lo bueno cuenta, sí, pero no para los bonos del gobierno.