ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Las plagas de Egipto

29 de noviembre de 2015

De tiempo en tiempo suceden cosas que hacen recordar las plagas con que fue azotado Egipto en los tiempos de Moisés, plagas muy concretas y hasta numeradas. Las plagas de hoy se mueven libremente entre lo real y lo virtual, desde luego son más de diez, pero en cualquier caso afectan la percepción que tenemos de la realidad y pueden volvernos todavía más neuróticos si no estamos atentos.

 

Primero fue el dengue, luego el chikungunya, y ya desde antes la influenza en sus más variadas modalidades e impronunciables clasificaciones, pero también los motoladrones y los conejeros, la oruga peluche, los singulares nombres de los cárteles delincuenciales, los abogados talibanes, la inquebrantable piratería, el ambulantaje subversivo, las marchas, los plantones, los encadenamientos, las huelgas de hambre, el indómito transporte público, las eruptivas reacciones a la evaluación magisterial, o la apenas conocida toponimia de Tlataya, Ayotzinapa, Tanhuato o el hoy mundialmente conocido Bataclán.

 

Junto a la nomenclatura de las nuevas plagas la plaga de las estadísticas cotidianas o semanales, las declaraciones preventivas de los gobiernos desaconsejando a sus ciudadanos hacer turismo en cada vez un mayor número de lugares del planeta: Egipto, Argelia, Túnez, Siria, Somalia, Libia, Ucrania, Malí, Michoacán, Puerto Vallarta, Acapulco, Ciudad Juárez, ¿también París, Roma, Nueva York, Londres o Bruselas? Parece que sí, en todo caso dirán los gobiernos, que cada quien viaje atenido a su propio riesgo.

 

Añádase a la lista el fantasma del desempleo a nivel mundial,  la crisis de la eurozona, el endeudamiento griego, la fortaleza del dólar, la caída del peso mexicano, las compras navideñas, la carestía perpetua, los cuidados de belleza, los infinitos implantes que hacen flotar hoy día a media humanidad, las recetas para adelgazar sin dejar de comer, los discursos oficiales, la salud de Luis Miguel y el apagón analógico y ya tenemos un poderoso y explosivo coctel mental que enturbia y altera la salud ciudadana.

 

Nadie sin embargo parece llevar la cuenta ni saber la dosis en que todos estos ingredientes deben ser vertidos sobre los cerebros humanos, al estilo del aprendiz de brujo todo mundo hace alquimia, los medios de comunicación en primer sitio, puesto que son ellos los que dan voz e imagen a todo cuanto ocurre sin ofrecer en contraparte el manual del usuario, las indicaciones de manejo, la lista de contraindicaciones, reacciones secundarias, las que sobrevengan por sobredosis y sobre todo, las edades de consumo.

 

Semejante panorama atiborra los antros y satura las redes sociales como nuevos vertederos o de plano, cloacas, para el desahogo de la neurosis colectiva de una sociedad atrapada por sus deseos desaforados, miedos aderezados día tras día, frustraciones sin cuento, y expectativas imposibles de cumplir. Seguramente la suprema corte de justicia, así con minúsculas, ha sido consciente de todas estas empañadas realidades abriendo por lo mismo la puerta al consumo de la mariguana como un recurso recreativo que haga olvidar tantas plagas, por más que promueva una más, la de la adicción y el aumento de otros espacios no libres de humo.