ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Línea 3

13 de marzo de 2016

Cuando el conocido empresario Joaquín Guzmán se escapó del Penal del Altiplano en el mes de julio de 2015, el ingenio mexicano tardó muy poco en reaccionar, pues quedaba a la vista una serie de aspectos que merecían su atención y el aporte de su conocida ironía.

 

Entre otras cosas hubo quien afirmara que la fuga fue posible gracias a que el túnel construido para tal objeto no fue confiado a la Secretaría de Obras Públicas, de haber sido así el presupuesto inicial se habría incrementado al infinito, los planos se habrían modificado una y otra vez debido a diversas imprevisiones, la maquinaria necesaria no habría estado lista para el momento, o se habría descompuesto a los dos días de manejarla, y como las piezas de repuesto no estarían disponibles en el mercado, se hizo necesario aplazar una vez más los trabajos, contemporáneamente los responsables deberían haber toreado con la fila inacabable de funcionarios de todos los sectores exigiendo la aplicación de todo tipo de condiciones, permisos, evaluaciones, peritajes  y demás; enseguida cualquiera de nuestros célebres Sindicatos habría emplazado a huelga, en tanto el ingeniero responsable vacacionaba en algún destino turístico. Resueltos todos los inconvenientes, el túnel finalmente habría llegado con 6 meses de retraso, pero a la oficina misma del Director del Penal, con el consabido “disculpe usted, nos informaron mal”, o es que falló el calculista, o los albañiles no traían brújula, o es que hubo un complot, sabotaje o simple y mera ineficiencia, pero igual ya cobramos y “ay será pal’ otra”.

 

La Línea 3 del Tren Ligero se ha vuelto en ese aspecto igualmente emblemática de nuestra idiosincrasia burocrática. Se anunció en el 2013, se comenzó a socializar a mediados del 2014, a fines de año comenzaron por aquí y por allá, vinieron luego las suspensiones porque la macro máquina no llegaba, o porque llegó y se descompuso, o porque ya mero logran armarla, o porque por todos lados que escarban brota agua, mire usted, y sin que nadie nos hubiese informado al respecto.

 

Abrieron enormes socavones a lo largo de la Avenida Alcalde, luego cerraron dos, repavimentando la superficie, ahora los volvieron a abrir retirando el pavimento que se había puesto con todo y rayas bien pintadas. En Zapopan tiene meses la enorme boca de ingreso a un súper túnel vehicular, y ni le quitan ni le ponen, será que están dejando que se ventile. Desde luego que sería genial que el equipo de Joaquín Guzmán nos echara una mano, pues demostraron una capacidad incomparable en cuanto a manejo de los recursos, cumplimiento en los tiempos, eficiencia de la obra, ausencia de suspensiones, demoras y postergaciones, mínimas molestias a los vecinos o mejor dicho, nulas, puesto que nadie se dio cuenta.

 

Más que “línea” este proyecto debiera llamarse “puntos suspensivos” que desde luego están costando bastante dinero no sólo del erario público, sino también del privado, por la enorme serie de afectaciones a las viviendas, al tráfico, a los horarios, al comercio, a la ecología urbana, a la movilidad ciudadana, a la calidad de vida de los vecinos, sin que se sepa con claridad a qué atenerse.