ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Lo bien bueno

3 de agosto de 2014

Lo muy malo y lo re feo, podría titularse un episodio más de la mexicana serie los “bandidos de río revuelto”. Es el caso que don Quico Roca, presidente de los colonos de Villas Paraíso quería vender unas casas hipotecadas, cosa difícil de hacer. Procedió entonces a cargar el costo de las hipotecas a los inquilinos de las casas en venta, quienes ajenos consuetudinarios a cualquier cosa que les afecte se sujetaron simplemente a seguir pagando pero ahora más.

 

Para asombro de los televidentes de esta emocionante serie, resulta que los inquilinos eran en verdad los dueños, que el presidente de los colonos hipotecó sus casas sin avisarles, que de buenas a primeras les comenzó a cobrar renta, que se gastó el préstamo de las hipotecas en cuanto le vino en gana: viajes, vestuarios de marca, peluqueros, pensiones alimenticias, premios, dietas, viáticos de lo habido y por haber, seguros para la primera, segunda y tercera generación, vehículos de lujo y propiedades aquí y allá; por si fuera poco jamás abonó un centavo a los adeudos, con lo cual se acumularon intereses sobre intereses. Tampoco dio mantenimiento a las casas hipotecadas, ni pagó prediales ni agua, todo era explotar el beneficio. Se entiende que ahora que lo quiere vender deba primero liberarlo de tantas cargas amontonadas.

 

Que para proceder sin remordimientos acudió a cien y a quinientos paleros que a marchas forzadas y periodos extraordinarios justificaran sus proyectos o incluso los hicieran aún peores para los honrados, ingenuos y sufridos colonos.

 

Esto realmente resultó muy malo para los propietarios de las casas, pero lo verdaderamente feo es que dichos inquilinos aceptaron todo sin chistar, con un “sea por Dios” repugnante porque Dios no tiene nada que ver en semejantes porquerías. En parte se explica esta dócil actitud en una inercia bicentenaria, otro presidente de colonos había vendido ya media colonia a los vecinos, uno más había saqueado todas las casas para dar y repartir a propios y extraños lo robado, deporte tan emocionante que muchos otros lo han seguido practicando; como dice un aforismo ruso, los errores históricos duelen menos cuando los convertimos en efemérides con descanso obligatorio.

 

El consejero de don Quico explicó las medidas referidas con pasmosa sinceridad: de todos modos había que pagar. Así que los pasivos generados por décadas de despilfarros, corrupción, pésima administración, colusión de todas las autoridades, sindicatos bandidos y galopante impunidad los debe pagar el contribuyente, de otro modo ¿cómo sería atrayente para la inversión privada y extranjera la riqueza nacional? Además, urge vender las casas libres de hipoteca, añadiría un despistado espectador, creyendo con certeza total que los beneficios sociales de todas estas medidas vendrán exactamente el día menos pensado, del año menos pensado, del siglo menos pensado.

 

La tragicomedia es interrumpida por repetitivos comerciales en los que se promueve el robo de gasolina, sea de pipas o de oleoductos, garantizando que aún los responsables de evitarlo pueden negociar, porque a fin de cuentas ladrón que roba ladrón, tiene mil años de perdón.