ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Los avatares de la creencia.

Crónica 2011.

La construcción de América por parte de soldados, granjeros, mineros y misioneros fue consecuencia de la creencia. La creencia en un futuro mejor, en ciudades de oro, en tierras pródigas, en nuevas cristiandades, en la posibilidad de que la utopía sí pudiera hacerse. Guadalajara nació de esas mismas creencias. La certeza de que el cielo colaboraba con la tierra se convirtió en un poderoso motor para vencer miedos, superar obstáculos, establecer alianzas, inventar nuevos caminos, y así, luego de 470 años, la pequeña ciudad formada por sesenta y tres familias, es hoy una ciudad extendida sobre cuatro municipios y medio, que sigue manteniendo la creencia de que se puede vivir mejor, viviendo aquí.

Este mundo de creencias ha sido un continuo que enlaza, siglo tras siglo, el devenir tapatío, y que en el año 2011 siguió expresándose y dando fruto en todos los campos, solamente que cada vez las creencias se diferencian mucho más. El 2011 nos mostró que está creciendo el número de personas, originarias o no de esta ciudad, que creen firmemente que la delincuencia es el camino rápido a la riqueza y al placer, también crece desmesuradamente el número de individuos para los cuales no basta el placer que dan tales o cuales experiencias en sí mismas, creen que deben potenciarlas y lo hacen acudiendo al uso de drogas de todo tipo, de esta suerte en Guadalajara lo mismo abundan los adictos controlados que los descontrolados, y por supuesto la infinita gama de despachadores de estas sustancias. En consecuencia, y porque las creencias también se dan por otros rumbos, los cárteles delincuenciales creen que nuestra ciudad es un enorme mercado, de fuerte potencial para el consumo y tráfico de drogas. Como consecuencia ya tuvimos el primer narco bloqueo en la carretera a Chapala, en el mes de enero, seguido luego por granadazos en antros, y una suma creciente de ejecutados. Pero comoquiera que no sólo el negocio de la droga deja ganancias, sino también distrae a las autoridades públicas en su combate, ha crecido la delincuencia urbana expresada en todo tipo de ingeniosas formas de robar y en ocasiones, herir o asesinar a la indefensa ciudadanía, así hemos visto en 2011 el aumento al robo de bancos, casas habitación, vehículos, sedación de pasajeros, transeúntes o vecinos de la tercera edad a los que les dan “burundanga”, algo así como el suero de la verdad en polvo, que una vez respirado hace que la víctima les diga a los victimarios todo cuanto éstos requieren para podérselo robar. De igual forma la clonación de tarjetas de crédito en restaurantes y comercios, el robo de identidad, la paca de billetes hallada en la calle, el cheque que requiere de vuelto para ser entregado, el regalo sorpresa que deja vacía la casa del beneficiado, la infinidad de llamadas telefónicas sobre todo de hijos y sobrinos pidiendo dinero o porque tuvieron un accidente o porque los acaban de secuestrar, sin ser nada cierto, pero también los muy ciertos secuestros de muchísimas personas que en algunas ocasiones acabaron en asesinato. Igual impulso ha tenido la modalidad de robo por arrebatón de cadenas, medallas, celulares y lo que se pueda desde una motocicleta, o hasta corriendo. Pareciera que el combate al narcotráfico tiene tan exhaustas a las autoridades, que ya no tienen tiempo ni energía para combatir este otro exponencial escenario de inseguridad cotidiana que se vive por todos los rumbos de la ciudad.

Esta misma realidad puede explicar la renovación de la creencia tapatía en el auxilio divino que fortaleció la participación de la comunidad en los actos tradicionales ofrecidos por la religión mayoritaria, y que desde la popular rosca de reyes hasta las fiestas de navidad generó una especial convocatoria, además que en todos los templos se ha seguido rezando después de cada misa por la paz en México.

Por esos días de cuaresma, Pasión y pascua, se hizo público el debate en torno a las cámaras de vigilancia que la autoridad municipal está en camino de instalar en diversos puntos de la ciudad, así que nos acordamos de aquella famosa frase “Un mundo nos vigila”. Así se llamaba aquel programa de don Pedro Ferriz, obsesionado con los marcianos. Hoy sin embargo, la posibilidad de que un “mundo” nos vigile se ha hecho casi tan real como imaginaba Orwell en su novela 1984. Ya entonces el autor advertía el advenimiento de un “hermano mayor” tan omnipresente que sería capaz de adivinar incluso nuestros pensamientos. Seguramente se trataba de una radicalización de lo que ya sucedía en regímenes de tipo comunista, pero que finalmente sería puesto en práctica por países capitalistas.

Guadalajara no iba a quedarse fuera de la globalización observadora, ya desde hacía varios años una connotada colonia del poniente tapatío gozaba de cámaras de vigilancia a las cuales solamente los narcos podían escaparse. Hoy se habla de cientos de aparatos destinados a vigilar las vías públicas por diversos rumbos de la ciudad, por lo menos de lunes a viernes y según el horario de los responsables, obvio, tenía que ser vigilancia a nuestro modo.

La medida es correcta. Frente a una sociedad anárquica donde la vía pública se ha vuelto una jungla, dotar a la ciudad del mayor número de cámaras de vigilancia por lo menos inhibirá tanto a los delincuentes como a los constantes infractores de las normas de tránsito, otra cosa es el seguimiento que pueda darse a la información, es decir, que efectivamente el delito no siga quedando impune y que la información sea cuidadosamente analizada.

Por aquello de las dudas, el honorable Ayuntamiento ya estableció un reglamento que salvaguarde la privacidad de las personas, porque resulta que de la vigilancia al espionaje el paso es muy breve, y mucho más breve el paso entre la preocupación por la seguridad y el afán de mancharle a alguien la carrera.

Ninguna novedad, ya desde los tiempos bíblicos se dio el espionaje malévolo y miembros de respetables instituciones guardianas de la moralidad y la ley de Moisés no tuvieron escrúpulos en manipular información, alterarla o simplemente usar aún los datos más inocuos en perjuicio de sus víctimas. Por lo mismo usar del espionaje para impedir que fulano sea candidato y si ya lo es, no llegue a donde pretende, se ha vuelto cosa tan común como impune. Con la más aberrante de las inmoralidades se acusará a estos personajes de ser adictos a las drogas, cómplices de los narcos, defraudadores del fisco, o depravados sexuales, insistiendo en los temas que la morbosidad social del momento privilegie, y seguros los que lo dicen de que siempre habrá repetidores aún más torpes dispuestos a divulgar sus dichos como verdades absolutas.

Claro que los tiempos cambian incluso para el perenne espionaje ahora puesto al descubierto por WikiLeaks, al menos el de la diplomacia, cuya lección debe ser aprendida por todos como una forma de poner límite a los excesos de un espionaje corrupto, bien protegido por la criminal secrecía.

Aunque creímos que tendríamos un buen temporal, justo como el del año pasado, el mejor en varias décadas, la realidad fue otra; sí llovió, pero no tanto, ni siquiera normalmente; probablemente los excesos del 2010 agotaron las reservas celestes, o fue el fenómeno del niño o de la niña, o el sistema anticiclónico estacionario, la verdad es que nuestra región fue a fin de cuentas la más favorecida en lo que a lluvia se refiere, si observamos la terrible sequía que asoló a varios estados del país, con ausencia de aguas por doce, catorce o más meses, con la secuela de desolación, cosechas perdidas, ganado muerto, hambre y miseria en un campo ya de por sí esquelético por las políticas del TLC.

Y porque de agua estamos hablando y de creencias, es de notar el renovado empeño de los defensores del pueblo de Temaca, en su lucha contra la presa del Zapotillo. Estos heroicos luchadores sociales creyeron, no sabemos en base a qué oculta revelación o sesudo análisis que bastaba organizarse para que el gobierno estatal y federal les hiciera caso, vana ilusión y fracaso de las creencias democráticas.

Esta desafortunada frustración que no es solamente de los defensores mencionados, sino de toda la desorientada ciudadanía nos lleva a recordar que en 1823 el Estado de Jalisco aceptó unirse a la República Mexicana por medio de un pacto federal. Esta condición favorecía, en principio, el mutuo apoyo entre estado y federación, y era importante por el simple hecho de compartir un mismo espacio geográfico en permanente interrelación. Aspecto destacable de esta realidad es que el mayor lago del país, Chapala, era alimentado naturalmente por el río Lerma que nace en el Estado de México, y va incrementando su caudal sea por la confluencia de otras vertientes acuíferas, como de los mismos temporales, a lo largo de otros estados mexicanos.

Pero ¿qué pasa o debería pasar si de pronto uno o varios estados retienen sus afluentes y éstos ya no llegan a Chapala? ¿Qué pasa si además, los pocos afluentes que aportan están altamente contaminados? En ese mismo momento entran en acción de manera rápida, objetiva y eficaz las instancias federales, una de cuyas misiones es precisamente evitar este tipo de abusos o regular con justicia el manejo y distribución del agua a fin de que en la debida proporción siga beneficiando a todos. Por supuesto que eso no sucede. Las aguas del río Lerma son retenidas por numerosas presas, sobre todo en el Estado de Guanajuato y para su exclusivo beneficio, o son desparramadas a tenor de técnicas agrícolas de inundación que hace tiempo deberían haber sido suprimidas. El resto se convierte en un simple y pestilente drenaje que arrastra todas las inmundicias urbanas, ganaderas, e industriales del Bajío y de Michoacán, y ese es el aporte que acaba recibiendo la laguna de Chapala.

Ante una emergencia de tal naturaleza, las autoridades del Estado libre y soberano de Jalisco actúan de inmediato en defensa de sus recursos, exigen con tenacidad el cumplimiento de los acuerdos, y aún condicionan cualquier otro proyecto a la justa observancia de estos requisitos. Claro que tampoco eso sucede. Por el contrario, con una complicidad que raya en la traición aceptan la construcción de una presa que lleve las aguas limpias del río Verde, en Jalisco, a la ciudad de León, en Guanajuato, con la hermosa promesa de que Guanajuato nos regresará esas mismas aguas, pero convertidas en drenaje: un nuevo aporte para Chapala.

En otras palabras, Jalisco hace el peor de los papeles, no logra el razonable aporte de las aguas del Lerma, tampoco logra que las que lleguen estén tratadas, pero sí está pronto a dar las aguas limpias del río Verde, independientemente del atropello que ello significa para muchísimas personas directamente afectadas por la tal presa.

El resto de la ciudadanía jalisciense, embrutecida como suele estarlo en buena medida por la búsqueda contemporánea y obsesiva de pan y circo, se mantiene al margen, propiciando que malos gobiernos malbaraten nuestros recursos a cambio de oportunidades personales para sus integrantes y en perjuicio de toda la comunidad, pero eso sí, bañándose diario, muchos regando con generosidad sus jardines, viviendo del beneficio que el agua da a sus empresas, y creyendo, siempre las creencias, que el lago de Chapala es eterno, que son eternos los mantos acuíferos subterráneos, que nunca dejará de llover en abundancia, y que en un remoto caso de necesidad, Guanajuato nos abrirá sus grandes presas para que saciemos la necesidad de agua que podamos tener. Vana ilusión, hay que recordar cómo han actuado nuestros vecinos diciendo que no nos darán agua para que “vayamos a esquiar a Chapala”, como si el lago más grande del país sólo ese beneficio nos otorgara.

Por si fuera poco, el responsable de cuidar nuestra agua, y que tanto ha trabajado por quitársela a Jalisco, afirmó que la presa del Zapotillo estará lista para beneficiar a la ciudad de León, mientras que la infraestructura necesaria para que también beneficie a tales o cuales regiones de los Altos, pues, sabrán ustedes, que no la alcanzamos a hacer, pero alégrense, ya quedó en los papeles, en los planos y proyectos, y lo más seguro es que administraciones futuras llevarán a cabo cuanto sea preciso para cumplir con este compromiso. Es decir, ya nos fregamos, con perdón de la expresión, que a tenor del caso, podría ser mucho más sonante.

En el 2010 la Guadalajara histórica creyendo en su alcalde, le apostó a la renovación integral del Centro Histórico, porque también creía que cualquier detalle, tramo, calle, banqueta o plaza que no se alcanzara a terminar, la llevaría a conclusión la siguiente administración, dado que también creemos que los servidores públicos lo son de la ciudadanía y no de sus partidos, o de sus egos tan crecidos. Con igual profunda creencia pensamos que dichas obras recibirían el mantenimiento necesario, pues fue mucho el costo que tuvieron. Qué pena, un nuevo descalabro, una nueva desilusión, el gobierno municipal en turno solamente se hace cargo de las cosas que hace en su administración, no de lo que hicieron los anteriores, menos aún si eran de otro partido; pues ahora sí que ¡malditos partidos! que de tal forma arruinan los mejores esfuerzos y dejan echarse a perder obras costosas por la peregrina razón de que ellos no las realizaron. Y vaya usted a ver en qué condición se halla el remodelado Centro Histórico, lo que se hizo mal, ya está peor, lo que se hizo bien, no recibe mantenimiento, lo que se quedó a medias, a medias sigue y todavía peor, y los pendientes lo serán de manera perpetua.

Pero mal que bien han comenzado a tomar medidas, si no para concluir estas obras, sí para mejorar pavimentos, jardines y plazas, a fin de que Guadalajara dé el gatazo durante los Panamericanos. La mala noticia es que para hacer muchas de esta sobras, hay que pedir prestado ¿habrán olvidado nuestras autoridades que Endeudar es pariente de robar”?

A este respecto observamos que el caos mexicano es resultado de la yuxtaposición de mundos cerrados e inconexos donde cada grupo social vive en su esfera propia, acuña su propio lenguaje, su código individual de conducta, su estilo de vida, siempre al margen de la realidad de los demás, pero beneficiándose piramidalmente de sus bases. Entre estos mundos alienados el de la esfera política ha llegado a ser el más lamentable, entre otras cosas, por las múltiples formas de robar que ha inventado y justificado, toda vez que tiene el poder de hacer leyes por su cuenta para validar cuanto le convenga.

Entre estas formas de robar se ha destacado desde hace muchos años el recurso al endeudamiento. Tanto los poderes Ejecutivo como Legislativo se asocian permanentemente para contraer deudas sin importarles en lo más mínimo lo que pueda pensar la ciudadanía, aún más, aprovechando el que la ciudadanía no advierte el problema o si lo advierte de nada le sirve, pues se halla atada para poderlo enfrentar.

Si para la realización de toda obra pública se requiere endeudarse, entonces ¿en qué se invierten las cantidades millonarias que pagamos todos los ciudadanos por todo tipo de impuestos? En servidumbre, desde luego, abundante hasta el desperdicio, muchos de sus integrantes, sobre todo en las altas esferas del poder, con salarios estratosféricos totalmente ajenos a nuestra realidad, y que rara vez se justifican en los resultados de esa crecida burocracia.

No obstante todos los responsables de la gestión pública se dedican todo el tiempo a solicitar deuda, regatearla a cambio de convenios partidistas, y dejar a la ciudadanía el pago de la misma, ya que es a nuestra cuenta que solicitan los préstamos, mismos que hemos de pagar aunque no nos hayan pedido permiso para endeudarnos. De esta manera hasta los recursos del futuro se hallan comprometidos ya desde ahora en el pago de éstos y tantos otros créditos solicitados gobierno tras gobierno; en cierta manera se trata de un juego perverso: endeudarse al máximo para que la siguiente administración se halle con las manos atadas, mismas que de inmediato se desatan para pedir nuevos préstamos, ya que los recursos, dirán, apenas ajustan para pagar nómina y réditos. Esta canallada puede hacerse legalmente porque las leyes que ellos hacen a nuestras espaldas, se los permiten, y porque legalmente tenemos que pagar impuestos, pero legalmente no podemos decidir en qué se emplean, ni mucho menos oponernos a esta fiebre de endeudamientos a fines de sexenio o a medias ya de trienio.

En tanto observamos a los países árabes sublevarse por todas partes gracias a que tienen dictadores muy concretos y ubicables contra los cuales ir, nosotros tendríamos que sublevarnos primeramente contra nuestra apatía y alienación, para luego ir en contra del régimen de partidos que, al volverse corrupto y decadente, no puede ya sino dañar al país.

Menos mal que los pitayos volvieron a dar su fruto, y las nueve esquinas se abarrotaron de canastas y chiquihuites con pitayas rojas y blancas, puños de guamúchiles y los tempraneros mangos y ciruelas; la naturaleza no suele fallarnos, ni fallan las tantas gentes que a pesar de nuestros repetitivos malos gobiernos, siguen trabajando incansables para poder pagar impuestos a los irresponsables que nos gobiernan en tan crecido número.

Los mangos de a de veras, es decir, los de la barranca, o llegaron tarde, o fueron pocos o ni llegaron, algo pasó por aquellas honduras, pero de que los hubo los hubo, con su mismo inconfundible sabor.

Pero entre algunos deleites del tiempo, hicieron su entrada nuevas decepciones a nuestras creencias democráticas, el fracaso de la reforma política a manos de nuestros legisladores y es que mientras más previsible es el ejercicio de la política, más profunda es su decadencia. De antemano sabíamos que la reforma electoral en Jalisco no podría prosperar porque no sería analizada ni evaluada por legisladores, sino por agentes de los partidos invariablemente preocupados por sus propios intereses. Por lo mismo discutieron para luego subastar asuntos que merecerían el mayor de los respetos, y como ni unos ni otros le llegaron al precio, congelaron el proyecto. Parecería que no estaban hablando en nombre de la ciudadanía, ni del Estado, sino a tenor de las líneas que reciben de aquellos a quienes deben el puesto.

Más que reformar, evolucionar la democracia, aplicarse diligentemente en la búsqueda de caminos que favorezcan la participación social en la función pública, estimular el escrutinio de la comunidad sobre sus representantes, sujetar al estado de derecho a quienes se mueven en los diversos órdenes de gobierno, profesionalizar el servicio burocrático, ubicarlo en el nivel más lógico de la relación entre costo-beneficio, es decir, que la comunidad pague a los funcionarios públicos de acuerdo a sus resultados y de acuerdo a éstos los conserve o no en su cargo; depurar los estilos y manejos de fondo entre los partidos, y tantos otros temas de urgente actualidad son para la clase política del presente sólo mercadotecnia de campaña, de ninguna manera un compromiso honesto y confiable.

A la luz de estos hechos el Congreso acaba siendo el corral trasero de los partidos, donde los que tienen mayoría traicionan todos los días la ilusión ciudadana del cambio y del contracambio; la bandera que se defendía en campaña será mañana pancarta de la oposición y viceversa, por lo mismo el discurso de muchos actores políticos hay que soportarlo si es en vivo, y cambiarle de canal apenas asoma en radio o televisión. El regateo observado en la sala legislativa del Estado ha mostrado una vez más el rostro mercantilista de una política corrupta que a ellos ya no les avergüenza, pero que sigue ahondando el abismo entre partidos y ciudadanía, entre sociedad y gobernantes.

¿Llegaremos entonces al modelo de Cherán? En esa población no tan lejana de la sierra michoacana, la sociedad recuperó la soberanía para defenderse de los talamontes, que con permisos fraudulentos o sin ellos, depredaban sus bosques, están enfrentando como pueden a la delincuencia organizada que públicamente protege a los saqueadores; y han destituido a los gobernantes locales que estaban involucrados o se mostraron ineptos; Cherán ha invocado una y otra vez la presencia del poder federal, y es seguro que prescindirá también de él si no responde a sus justos reclamos.

Es posible que a eso se deba llegar, los políticos lo saben, pero lejos de ofrecer respuestas oportunas y eficaces, aprovechan el tiempo que todavía tienen para asegurarse el futuro. Decadencia y corrupción van de la mano.

Conforme el año avanzaba se fue haciendo cada vez más creíble que la remoción del cardenal tapatío sí ocurriría, así que empezaron a desgranarse los homenajes oficiales y los no oficiales, las despedidas, unas hechas y otras nomás planeadas o luego pospuestas, pero la que más ámpula provocó fue la que le ofreció el Gobierno estatal en el teatro Degollado, seguida de una buena cena en el Hospicio Cabañas. Hay que advertir que la ámpula era muy grande pero a la hora de la hora fueron como treinta gentes las que la tuvieron, frente a un teatro Degollado casi lleno, donde se fueron a parar para ver y protestar sin tener clara idea de por qué lo hacían, pero eso sí, blandiendo el desgastado lema del estado laico, desgastado no por que carezca de valor, sino porque sus manoseadores no tienen ni la más remota idea de lo que defienden o postulan. Total que se hizo el homenaje y se lucieron los homenajeadores, en cuanto al homenajeado, sorprendió con un discurso en que todo homenaje se derivaba, con excelente tino, a la comunidad misma, a su tradición y a su cultua, he aquí el mensaje:

“De conformidad con una norma de conducta que me inculcaron durante mis años mozos de formación sacerdotal, de “nada pedir y nada rehusar”, en lo que a mí se refiere, acepto con gusto y agradecido este homenaje que me ofrece el Gobierno del Estado de Jalisco, mi Estado, donde nací y donde he vivido y servido la mayor parte de mi vida.

Un homenaje simplemente se recibe y se agradece, sobre todo cuando es ofrecido con espontaneidad, nobleza y generosidad, como lo es éste, en el cual participan Gobierno y Pueblo de Jalisco. El homenajeado no tiene por qué ponderar sus méritos, sino simplemente aceptar con gratitud y es lo que ya hago con respecto al Señor Gobernador y su Equipo de Colaboradores que lo han preparado.

Por otra parte, sabiendo con certeza que no tengo méritos suficientes para recibirlo, quiero derivar este homenaje hacia alguien que sí tiene sobrados méritos para un reconocimiento y la gratitud por todo el bien que ha hecho. Me refiero a la Iglesia de Guadalajara, es decir, a la Comunidad de Creyentes en Cristo, a la grey católica que aquí se asienta desde hace casi cinco siglos y que ha sido una bendición en bienes materiales y espirituales para esta ciudad. Quiero invitarles a reconocer y ponderar lo que ha significado la Iglesia de Guadalajara para nuestra generación y lo que significará para las venideras.

Yo me pregunto ¿qué será o qué sería Guadalajara y el occidente de México sin la presencia y la acción de la Iglesia Católica, entendida ésta, ya lo dije, como la Comunidad de los Creyentes en Cristo?

¿Guadalajara sería la misma si no tuviera la protección amorosa y la alegría a su paso de la Madre del Señor, representada en la bendita Imagen de Nuestra Señora de Zapopan?

¿Guadalajara sería la misma sin su Catedral y sus torres emblemáticas? ¿sin el gótico tardío pero perfecto del Templo Expiatorio? ¿sin las innumerables iglesias neoclásicas, barrocas y modernas que ennoblecen y a su vez se ven ennoblecidas por la cantera con hueso de la Experiencia?

Pasando al terreno humano y espiritual, ¿Guadalajara sería la misma sin tantos hombres creyentes que dieron impulso a la cultura y a las obras de caridad cuyos epígonos son: el Hospicio Cabañas, el Hospital Civil y la Universidad de Guadalajara, obras de grandes Pastores? Y a la sombra de estas obras cumbres que perduran, hay numerosas obras menores de hospitales, asilos, orfanatos, colegios y escuelas.

Esta Guadalajara, alegre, tranquila, hospitalaria y compasiva que tradicionalmente ha sido, ¿sería la misma sin el fermento del Evangelio?

¿Guadalajara sería la misma si no fuera diócesis y no tuviera al frente de la grey católica en su larga historia a un Sucesor de los Apóstoles? Pues no hay que olvidar que pudo ser de otra manera, que pudo Guadalajara no ser la Sede Episcopal: en el año 1548 el Papa Pablo III firmó el Decreto de Erección de la Diócesis Compostelana, con sede precisamente en lo que hoy es Compostela, Nay. Por varias razones los primeros obispos rehusaron vivir allá en Compostela, y la sede hacia 1560, providencialmente, se trasladó a Guadalajara. Desde entonces muchos y celosos Pastores han difundido la luz del Evangelio en el occidente de México y más allá.

Guadalajara no sería la misma sin su gran Seminario que por 315 años ininterrumpidamente ha formado sacerdotes y cristianos laicos, algunos de estos muy destacados en la historia de México. Seminario que ha sido forjador de santos pastores y de Mártires y que a la fecha se encuentra bendecido con muchas vocaciones al sacerdocio.

Hoy Guadalajara tiene sus Mártires, unos ya Santos y otros Beatos, luminosos ejemplos de fidelidad y amor a Cristo, verdaderos héroes salidos de este pueblo creyente, y reconocidos por su heroica santidad por la Iglesia Universal. Su sangre, como dijera Tertuliano, es y seguirá siendo semilla de cristianos, y podemos añadir, de vocaciones.

Nuestros Mártires vivieron y murieron pacíficamente, perdonando y ofreciendo su vida por la paz y la reconciliación de los mexicanos. Hay sobrado motivo para hondarlos, para implorar su protección y construirles un Santuario que exalte su memoria y cobije la oración de este pueblo fiel.

He querido enumerar las principales glorias de esta Iglesia de Guadalajara, que son obra de la predilección divina y de la respuesta de un pueblo creyente. Sea para ella este homenaje que el Gobierno y el Pueblo de Jalisco me ofrecen de muy buena voluntad.

Señor Gobernador, Respetables Autoridades y querido Público, brindémosle a la Iglesia de Guadalajara que yo indignamente presido, este sentido homenaje. Alegrémonos y gocemos el momento. El Señor Dios nos lo concede para que hagamos un alto en el camino del deber y del servicio diario.

Una vez más gracias a todos, que Dios les pague y nos bendiga”.

Guadalajara, Jalisco, a 29 de julio de 2011.

+ JUAN CARD. SANDOVAL ÍÑIGUEZ.

 

Pero también creímos firmemente en el valor del deporte, en la capacidad para organizar unos espectaculares Juegos Panamericanos, y en nuestra misma vena hospitalaria. Ciertamente algunos creyeron de más, exceso que produjo lamentables decepciones de taxistas, restauranteros, hoteleros, y otros prestadores de servicios que no obtuvieron todo lo que se habían imaginado de dicha justa deportiva, sobre todo, porque de buena fe se abrieron a la capacitación y admitieron todo tipo de propaganda fija o móvil, en la que se leía: “nosotros somos panamericanos”, letrero que por cierto se dejó en muchas partes, para perpetua memoria. Donde mejores premios tuvo la creencia en sí mismos fue precisamente en el ejercicio del deporte, donde Jalisco cosechó un buen medallero de oro, plata y bronce.

Pero en los preparativos del festejo hago notar la iniciativa de los organizadores para que al menos durante la justa deportiva, tuviera Guadalajara un ¿transporte panamericano?

Ante tal iniciativa urgía dar algunas indicaciones acerca del transporte público tapatío a los anhelados participantes de los Juegos Panamericanos, deportistas, entrenadores, periodistas, acompañantes, familiares y espectadores que vinieran a nuestra ciudad, así: que nuestro servicio de taxi es mayoritariamente prestado por la cadena Nissan, autos económicos, de apariencia trabajadora, libres de aromatizadores artificiales y de cualesquiera otros, excepto de tabaco, con amables y platicadores conductores invariablemente vestidos con ropa casual, para que el visitante se sienta en confianza, casi como en la playa. Es verdad que los asientos de estos autos ya han sido bastante probados y revelaron ser resistentes. El magnífico clima de nuestra ciudad evita el uso de aire acondicionado, lo cual explica el que dichos sistemas estén atrofiados. Parte de nuestra bonhomía se expresa en el decorado interior de los taxis, y en el servicio incluido de música al gusto del conductor. En general son confiables y diríamos, hasta folklóricos, si bien hay que tener cuidado con el cobro, pues aquí se usa de dos tipos, arreglo verbal o sujeción al marcador oficial.

En el caso posible de que nuestros visitantes quisieran hacer uso del transporte público el asunto exige de una mayor mercadotecnia. Somos sinceros, por lo mismo no nos gusta ocultar nada, ni andar barriendo por donde ve la suegra, ello explica el que los camiones, que así llamamos a los vehículos de servicio público y colectivo, se bañen una vez a la semana se ocupe o no. Por otra parte, quienes asistan a las justas deportivas comprenderán y aún gozarán el hecho de que la conducción de los camiones forme parte de los deportes extremos tapatíos.

Solidarios como somos, los conductores no dejan a nadie en la esquina, a no ser que lleven prisa, pero por lo común a las horas pico, los transportes van atestados, pudiendo los usuarios subir por atrás o por delante y bajar por donde y cuando puedan. Mencionar el número de muertos por causa de los choferes o camioneros, como también se les dice, no es de buen gusto, mucho menos si lo que buscamos es atraer turistas. En cambio hay que apostarle al sabor caribeño y al ambiente de pachanga que se vive arriba del camión, gracias al generoso esfuerzo que los conductores hacen para dotar su vehículo de enormes bocinas y estéreos estilo “teatro en casa”.

Si lo que nuestros visitantes buscan es un servicio público puntual, limpio, respetuoso, donde se viaje cómodamente sentado sin llevar tres gentes encima, con choferes educados, aseados y bien presentados, no saben lo que es vivir en la aventura y en el riesgo, con esos miramientos mejor quedarse en Canadá. No obstante hay que abrir espacios posibles, sin duda que ese tipo de transporte lo hallarán casi invariablemente si hacen uso del avión, de los autobuses foráneos de elite, o de los servicios urbanos de primera clase que, mal que bien, cubren las apariencias.

 

También creímos que el Congreso estatal habría de mejorar su desempeño, creencia frustrada con creces, pues como es su lamentable costumbre se dedicaron a todo menos a lo importante. Hace años que olvidaron que son nuestros representantes, elegidos para velar por nuestros intereses, y no por los suyos propios y los de su partido. Los escándalos financieros, el solapamiento al auditor, la reelección del defensor de los derechos humanos en contra de la entera opinión pública, la deprimente imagen de legisladores que no saben ni hablar ni leer, fueron una constante a lo largo del año.

Creímos que la grave crisis social, económica y política del país haría reaccionar a nuestros carceleros, los partidos políticos, llevándolos a proponer candidatos con altos perfiles en aquello que realmente importa, el desempeño de una función pública, que no seguirían la corriente de proponer caras bonitas para cosechar el voto de los aficionados a las telenovelas, pero esta creencia también nos defraudó una vez más. Ni modo, tuvimos que acordarnos de una película titulada “Mujer bonita”.

En efecto, Julia Roberts hizo célebre dicha película, estrenada en 1990. Al margen de su trama romanticona y fantasiosa, la protagonista encarna a una mujer que además de bonita resulta ser bastante inteligente. No siempre la belleza acompaña a la inteligencia, ni jamás ha sido recomendable atenerse al físico o a la simpatía cuando se otorgan responsabilidades.

No obstante el valor permanente de esta sentencia, la sociedad actual, hecha a imagen y semejanza de los espectáculos de artistas y actores, quisiera que en todos los ámbitos el atractivo físico ocupase el primado, y fuese este atractivo la razón fundamental para su toma de decisiones. El olfato agudo de los partidos políticos en México ya advirtió esta variable que padece la sociedad mexicana y ha hecho de todo para tratar de conciliar capacidad con hermosura. En ocasiones ha constatado que los políticos capaces son feos, y muy ineptos los bonitos. Si la postura de los partidos fuese de responsabilidad para con la sociedad y la nación, este tipo de consideraciones serían absurdas, pero desde el momento en que la misma sociedad carece de esa responsabilidad y decide con base a los dictados del corazón, la carta está echada y habrá que urdir sofisticadas maquinarias para respaldar y sostener las hermosas marionetas que conquistan a la afición, porque el maquillaje no incluye la dotación de seso.

Que los candidatos bonitos al primer descuido de sus múltiples asesores metan la pata, son gajes del oficio con los que se debe paliar; pero que los mismos asesores pongan a leer a sus asesorados discursos de precampaña donde afirman que su primer y principal compromiso, en caso de ganar las elecciones federales, será sujetarse a los intereses de su partido, es algo que verdaderamente deja sin aliento al buen entendedor. Dice el viejo dicho que entre gitanos no se leen las cartas, por lo mismo, que las primeras promesas de campaña se dirijan a los integrantes del mismo partido o es ignorancia de la sabiduría gitana, o declarado cinismo frente al conjunto de la sociedad mexicana que al parecer, sale sobrando.

Se decía de cierta población regional en que toda palabra la terminan en “i”, excepto “confete”, que sus muchachas eran bonitas y lo seguían siendo hasta que comenzaban a hablar. Algo así está ocurriendo en los establos de la “caballada” política mexicana y puede ser que hasta esté preocupando en serio a los promotores de este tipo de candidaturas.

Por otra parte habría que entender muy bien que el perfil de los candidatos suele mostrar el perfil de quienes los promueven, sus intereses, sus inclinaciones y simpatías, sus esperanzas y temores, con frecuencia muestra también la arbitrariedad con que excluyen a los capaces a favor de los cuates, de los aduladores, de los que dan señales de que les protegerán las espaldas cuando se haga necesario, a costa, claro, del país.

Seguimos creyendo en la Feria del Libro, porque es eso, una feria de libros. Creemos en nuestras posibilidades espartanas aplicadas al deporte. Tenemos la certeza de que la tradición debe ser el alma del progreso y no solamente una cobertura folklórica. Creemos tanto en los valores perennes que nos altera la inmigración de los agaves y su invasión de espacios públicos, aún si en el caso de la Minerva resulten defensas adecuadas del patrimonio. Nuestra reiterada creencia en las posibilidades de la cultura nos ha estado moviendo a la búsqueda de nuevos espacios museográficos cada vez más dinámicos e interactivos.

Pero hubo en este 2011 un momento singular donde la creencia habitualmente ateniense, se hizo espartana, sin dejar de ser por ello inesperadamente estética. Fue el 12 de octubre. Un día en muchos aspectos desperdiciado, porque lo que ese día se vio debería quedar permanentemente registrado, e incluso podría haber competido por algunos records. Pudiéramos decir que la llevada de la Virgen de Zapopan transcurrió bajo la lluvia, pero en realidad, se desarrolló bajo una inmensa, imponderable y multicolor gama de paraguas, todas las texturas, todas las formas, todos los colores, todos los tamaños, todos los materiales, ensamblándose y disociándose a tenor del paso, del sitio de espera. Cientos de miles de paraguas abiertos todos en el abigarramiento de una multitud cuyo movimiento daba dinamismo a ese toldo de siete kilómetros sostenido por miles de manos. Sobre la avenida Alcalde se ondulaba esa cubierta múltiple bajo un cielo de acero cuyas primeras luces daban brillo a ese escudo estético portado por una fe espartana.

La lluvia era en momentos torrencial, pero mientras que en los días habituales la gente evita mojarse, corre a guarecerse, se aleja de las corrientes y en el mejor de los casos, se queda en casa, el 12 de octubre la multitud movida por la creencia hizo exactamente lo contrario, y llevar un paraguas, un plástico, un impermeable, eran también creencias que animaban a retar la lluvia.

No hubo tregua, ni del cielo lluvioso, ni de la tierra creyente, y la gente no dejó de cumplir su promesa histórica por el hecho ahora banal de que estuviera lloviendo, porque la creencia inveterada afirma que mojarse en estos casos no hace daño.

Para el 14 de octubre una nueva creencia se cumplió, que dejara de llover para que los inminentes Juegos Panamericanos tuvieran un buen desarrollo. Y lo tuvieron, no sin molestias para la ciudadanía, aunque leves y llevaderas, y de tal modo cuidadas que prácticamente no se sintieron. En este logro se destacó la decisión de que las escuelas particulares, de primaria a preparatoria suspendieran clases esas dos semanas, el efecto positivo en el tráfico vehicular fue automático.

La creencia en la vida futura revivió las celebraciones anuales de los fieles difuntos, con su feria un tanto decolorada en el parque Morelos, y muy viva y participada en todos los panteones.

Creímos ingenuamente que las autoridades elegidas hace dos años, cumplirían con su encargo durante un periodo de tres, vana ilusión, apenas se dibujó en el horizonte partidista el relumbrón de los nuevos trapecios, todos los que pudieron abandonaron su cargo, comenzando por nuestro Alcalde, varios regidores, secretarios de gobierno, diputados y cuantos fueron favorecidos para un nuevo encargo, a lo que se ve, de dos o cinco años, en este asunto ya no pudo nuestro gobernador hacer lo mismo que hizo cuando era alcalde tapatío, las encuestas no lo favorecieron, y debió quedarse a cumplir como Dios manda. Abandonados los cargos en suplentes e interinos, se nos aparecieron de pronto ya de candidatos, creyendo ellos que no nos damos cuenta, y a la mejor creyendo nosotros que les importa que lo advirtamos. Lo dicho, nuestra sociedad tiene un gobierno de perpetuos precandidatos, me explico:

Al mundo de la política toda la gente llega como precandidato, y apenas gana lo sigue siendo de por vida. Este fenómeno antes eventual hoy se ha convertido en un verdadero cáncer de la función pública, uno más de todos los que ya acarrea nuestro decrépito sistema democrático.

La suerte de los gobiernos en manos de perpetuos precandidatos a lo que sea, salta a la vista. Los sexenios se reducen a cuatro años, y los trienios a uno y medio. Pero esos espacios de administración cada vez más reducidos enfrentan el riesgo de orientarse no tanto al bien público, sino a aquellas acciones que abonen al alcalde precandidato, o al gobernador precandidato, diputado, senador, regidor o cualquier otro cargo que se use para ser una y otra vez precandidato a algo. Los recursos de la comunidad directa e indirectamente se invertirán, bajo cualquier eufemismo, a favorecer los intereses del precandidato en funciones. Dicho defraudamiento de los recursos incluyen lo invertido en publicar a través de todos los medios cuanta acción real o supuesta beneficia la inminente precandidatura, con su buena dosis de discursos, denuncias, comparativos, y autoelogios, en la inauguración de obras de todo talante, o en la apertura de congresos, seminarios, simposios, o talleres de toda monta. La visión de largo plazo en lo que mira a proyectos municipales o estatales simplemente desaparece porque para todo precandidato que se respete no hay otra visión más importante que la del siguiente periodo de gobierno.

Ciertamente en las luchas de precandidatos los fines son muchas veces solamente medios. Aspirar, por ejemplo, a la Presidencia de la República con todos los recursos habidos y por haber se ha convertido en un mensaje subliminal al candidato que sí va a ganar y a los honorables presidentes de los partidos, de que el precandidato “perdedor” requiere de consideraciones: una secretaría federal o estatal, una diputación aquí o allá, un cargo de senador, la dirección de Pemex, o financiamiento para seguir girando de precandidato perpetuo, sin funciones, el siguiente periodo.

Por si esto no bastara para frenar el desarrollo y el crecimiento del país y de sus estados, los precandidatos, permanentemente obsesionados por ganar la que sigue, evitan cuidadosamente tomar cualquier tipo de decisiones, por indispensables que sean, que puedan afectar sus aspiraciones, sobre todo en lo que mira al mantenimiento del orden y la disciplina social. En el Gobierno de los precandidatos todo se puede, todo se permite, nada se sanciona, es un mundo feliz artificial que creen, puede asegurarles más y más votos. Las consecuencias las pagamos todos diariamente, y si alguien piensa que los congresos deberían establecer nuevas regulaciones para evitar o sancionar este desbarajuste, está olvidando primero, que sus integrantes suelen padecer del mismo mal, y segundo, que en una sociedad sin conciencia democrática aún las leyes más perfectas seguirán siendo vulneradas.

Al finalizar el año nos damos cuenta de que nuestras creencias siguen siendo una gran fortaleza, pero que es necesario distinguir unas de otras, que debemos seguir creyendo en aquello que nos da resultados concretos, y dejar de creer en aquello que solamente nos defrauda, aún más, que existen espacios de la realidad a los que nos debemos acercar no con la bandera de la creencia, sino con la de la duda y el cuestionamiento, particularmente aquellos espacios relativos al mundo de la política y de la función pública, donde hoy día se dan las mayores decepciones, descalabros y apostasías.