ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Los otros

28 de junio de 2009

No me refiero a la sorpresiva película protagonizada por Nicole Kidman, donde a final de cuentas ya no se sabe quienes son los vivos y quienes los difuntos. “Los otros” tiene aquí más bien la evocación de aquellos que se vuelven tan distintos que acaban siendo por completo ajenos al resto de quienes por determinadas razones se consideran semejantes.

 

En la experiencia social, universalmente surgida y afianzada a partir de la semejanza entre sus componentes, se generan con el paso de los tiempos grupos que se distancian, que pierden consiente o inconscientemente esa similitud de origen y se vuelven efectivamente “otros”. Es el caso desde luego, de los procesos elitistas cuando por razones de dinero, de poder o de capacidad intelectual, se van fraguando ciertos grupos que acaban orbitando en espacios lejanos y distintos a la realidad de la comunidad; a partir de ese momento las relaciones entre la sociedad y los otros se hacen verticales, e incluso se fracturan. Entre nosotros y los otros se pierde la vinculación, el lenguaje común, los intereses compartidos, el sentido de origen y la unidad de proyecto.

 

Desde luego que en la sociedad mexicana abundan esos otros que se han alejado de nuestra condición común, para encerrarse en sus cotos y hacer su vida aparte; los efectos de ese fenómeno sobre el resto de las personas son variables, pero nunca son tan dañinos como cuando los otros acaban siendo precisamente los que tienen la función de representarnos en las diversas instancias de gobierno; estos “representantes” a su vez emergen de cotos aún más alejados a lo que se ha venido denominando “partidos políticos”, pero que efectivamente cada vez nos representan menos.

 

Esta alienación entre partidos y sociedad se refleja no tanto en la extracción social de sus integrantes, aunque también esto ha sido palpable, cuanto en las políticas que desarrollan, orientadas más bien a preservar los intereses de sus grupos, que no los de sus representados. Se entiende entonces la polémica suscitada en la nación acerca del actual proceso electoral, pues muchas personas que sí han puesto atención a los perfiles y a las propuestas de todos los candidatos, descubren que por ninguno de ellos se sienten representados; advierten igualmente que esta enajenación entre sociedad y políticos, produce reacciones equivocadas por parte de los partidos, amenazados por el abstencionismo o por la anulación del voto, presión que los lleva a promover candidatos tipo “hombre espectáculo” o francamente incurrir en los escabrosos caminos de la llamada guerra sucia, pasando por toda la serie de promesas de campaña frecuentemente anodinas, irrealizables o fuera de la competencia de las autoridades.

 

Lo positivo de estas sinuosidades es el despertar, en no pocas personas, de una mayor sensibilidad y preocupación acerca de la condición actual de la democracia, de los peligros que enfrenta, de los estancamientos que arrastra, y de los muchos caminos que deben abrirse para que la sociedad conquiste su verdadera libertad, que como dijera Isaiah Berlín, radica en la posibilidad de decidir el propio destino.