ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Los Santos Reyes

16 de agosto de 2009

Un pasaje bíblico que ha sido sometido a numerosas relecturas a lo largo del tiempo. La comunidad cristiana los hizo santos, el relato bíblico los presenta como magos, y la reflexión teológica oriental los denomina reyes, no en orden a un ejercicio monárquico, sino a la realeza de la dignidad humana. Es también el mundo oriental quien definió que eran tres en atención a las tres razas conocidas en ese momento según el color de la piel: blanca, rubia y negra, símbolo de que la redención cristiana era para todas las razas y pueblos.

 

Nada raro que la recién concluida cumbre de Norteamérica pueda ser vista como la cumbre de los santos reyes. Claro, no sabemos si los señores asistentes sean santos, pero los trataron como reyes pensando que eran magos. La fascinación duró poco. Las decenas de personas que se apostaron a lo largo de la carretera esperando ver, sobre todo al presidente estadounidense, sólo habrán visto los macro helicópteros en que lo trajeron y llevaron. Quienes intentaron verlo a lo largo de la avenida Juárez-Vallarta, sólo vieron limusinas negras, con vidrios polarizados, en alguna de las cuales se supone viajaba el susodicho más o menos a 90 kilómetros por hora. Ni lo vieron ni los vio.

 

El despliegue extremo de medidas de seguridad hay que leerlo en el contexto de los tiempos actuales. El exceso de poder usado con exceso, produce también exceso de temor, mismo que habrá que justificar por la amenaza de atentados provenientes del eje del mal, o del mal de altura que desplomó a las torres gemelas y aplastó la vida de Irak. Del contexto nacional ni hablar, se ha vuelto una incontenible marea roja.

 

Pero el verdadero desencanto se impuso cuando los cándidos espectadores advirtieron que ni se revisa el TLC, en sus puntos incumplidos, ni se modifica la decisión canadiense de exigir visa a los mexicanos, ni hay acuerdo migratorio, y sí en cambio se aumenta en varios millones de dólares el presupuesto destinado a resguardar la frontera norte, en tanto la Guardia Nacional se alista para intervenir en cualquier momento; ambas noticias se dieron un día después de concluida la hermosa cumbre. Sobre acciones conjuntas de los tres países para paliar la crisis mundial y su afectación en nuestras regiones, que se sepa, no se dijo nada. Por supuesto, el TLC no hace con sus países miembros, lo que hace la Unión Europea con los suyos, de ahí que tampoco importe el fracaso del quinto objetivo de este tratado, a quince años de su firma: elevar las condiciones de vida de toda la sociedad mexicana.

 

El TLC significa entonces la imposición a rajatabla del capitalismo neoliberal “caiga quien caiga”, porque beneficia a la cúpulas, situación que lo vuelve más chocante cuando hemos de colaborar con nuestro tiempo, la afectación al medio ambiente y la inversión de recursos para que los señores encumbrados puedan viajar a velocidad de autopista por las calles de la ciudad, a la vista de gente cada vez más empobrecida.