ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Los verbos de la Pascua

31 de marzo de 2013

Al margen de su significado etimológico, en la cultura cristiana pascua se convirtió en sinónimo de renovación, transformación, cambio, reingeniería, es decir, todo un conjunto de verbos dinámicos que alientan la expectativa humana de la superación personal, y que además contienen la fuerza, desde la creencia, de que se puede hacer, cualquiera sea la situación en que se encuentren.

 

Si los poderes maquiavélicos de la época de Cristo, mandaron poner guardias ante el sepulcro donde habían depositado su cuerpo, no fue tanto por temor a que sus discípulos se lo llevaran para montar una escena, sino porque les preocupaba en serio que de verdad resucitara. Esa precaución fue realmente de una perversidad exquisita y muestra otra serie de términos cuyos sinónimos van en la línea de la maldad más profunda, del odio más acerbo, del terror que produce en una mente criminal la posibilidad de que el bien triunfe, de que el descarriado se corrija, de que se arrepienta de sus acciones quién era acosado por no hacerlo.

 

Los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo revelan de manera radical la oposición brutal entre el bien y el mal con todas sus gradualidades; por la parte de Jesús la generosidad, la veracidad, la solidaridad, el perdón, la compasión, la discreción, el profetismo, la valentía, la fortaleza, el sacrificio, la honestidad. Por la parte de sus oponentes la envidia, la traición, la calumnia, el odio, el rencor, la difamación, el soborno, la corrupción, el chantaje y el asesinato. Para un mal hombre habría bastado con la ejecución en la cruz, pero entre los enemigos de Cristo había personas patológicas que gustosamente habrían destrozado su cuerpo para dárselo a los perros, pero era viernes, víspera de la fiesta religiosa de mayor importancia para muchos de ellos, de momento se contentaron con hacer que el procurador pusiera guardias en la tumba, no por miedo a la muerte, sino por terror a la vida.

 

Este año la pascua es presidida por un nuevo líder de la cristiandad que ha elegido llamarse Francisco; en días pasados tuvo ya su “domingo de ramos” que evocaba aquella entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Ha tomado posesión de su sede y tal vez la encontró igualmente custodiada por soldados, por emisarios de aquellos a quienes les aterra que desde lo profundo de esa milenaria institución vuelva a resurgir la vida con un ímpetu aún mayor. Y desde luego que va a ocurrir independientemente de quién sea el líder de la Iglesia, pero tanto éste como cualquier otro ser humano de buena voluntad, saben que no hay pascua sin viernes santo, y que el drama del viernes santo histórico radicó en una trágica confusión de roles, porque quienes parecían ser garantes de la justicia se dejaron chantajear, quienes representaban la santidad de Dios abogaron por el crimen, la opinión pública cambió del domingo al viernes, y quien era portavoz de la redención, fue tenido por criminal. Pero al final, resucitó, y ese triunfo verídico es el que celebra hoy la cristiandad.