ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Luces del Bicentenario

5 de septiembre de 2010

Si la satisfacción de los padres consistiera en constatar que sus hijos ni crecen ni cambian, ni maduran ni producen novedad, estaríamos todavía inmersos en el reino animal.

 

Y sin embargo de pertenecer los mexicanos al reino humano, la conmemoración del Bicentenario del movimiento insurgente y del Centenario de la Revolución nos ofrece frutos ambiguos, no en lo que mira a los festejos o las múltiples producciones de todo tipo que ha generado, sino a la hora de comparar la sociedad de hace 200 ó 100 años, con la del momento presente ¿hemos crecido, cambiado, madurado?

 

Paradójicamente es en el espacio del pensamiento, en el mundo de las ideas, de la madurez de la conciencia social, donde se advierte con frecuencia no la evolución sino la repetición del ser, eso que los filósofos de la existencia consideraron la mayor frustración que puede sufrir un ser humano, más que crecer, repetirse.

 

El primer resultado del movimiento de Hidalgo fue la división social, explicable y natural dado el alcance de su propuesta, y que a partir de ese momento entra en un curso dialéctico, de reflexión, de valoración, de resistencia y flexibilidad, de tanteos y experimentos, hasta resolverse en una socialización mayor de la causa original con los matices propios del tiempo y de las circunstancias, para derivar finalmente en una consumación de la independencia que no habría sido posible sin este proceso, y sin un consenso comunitario, explícito e implícito.

 

Pero si con frecuencia algunos funcionarios públicos siguen en campaña a pesar de haber ya ganado, los mexicanos volvieron a dividirse a pesar de que ya habían ganado. La nueva situación de nación independiente, la falta de pericia para conducir un país, el partidismo que se adueñó desde el principio de la democracia, con absoluta exclusión de la sociedad, el choque de las ideologías, y los intereses extranjeros se dieron el quién vive para acabar con la proverbial riqueza virreinal y arruinar a la nación por cincuenta y cinco años.190 años después de la independencia, el escenario de la división de nuevo se repite, es decir, al parecer en este punto no hemos evolucionado de manera consistente, por eso volvemos a caer en la misma zanja una y otra vez. No sabemos a quiénes beneficia nuestra crónica división justificada por la razón que sea, pero sí sabemos cuánto nos ha perjudicado. Nos consta por el testimonio de la historia el buen resultado que la sociedad ha obtenido cuando logra unirse; de esos buenos resultados se puede inferir el que haya tantos activistas dentro y fuera del país, empeñados en seguirnos dividiendo.

 

Nada más lamentable que al conmemorar el movimiento insurgente se hallen nuevos motivos para la división, y tan poco se abone para lograr la unidad nacional que se requiere para alcanzar el nivel de vida a que tiene derecho la sociedad mexicana.