ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Macrobús y plebiscito

22 de noviembre de 2009

En este mundo de ilusiones democráticas cabía esperar que al iniciarse un proceso formal para la convocación de un plebiscito en torno al tema de la línea dos del Macrobús, todo trabajo en torno al discutido proyecto se detendría por atención y respeto a los ciudadanos convocados e interesados en el asunto, por congruencia democrática, por el simple hecho de avalar el ya casi caduco sueño de que el Gobierno del “cambio” sí representaría realmente los intereses de la ciudadanía. Macro error, los hechos siguen, por desgracia, demostrando lo contrario.

 

Vivimos en tierra de madruguetes, como el que derrumbó el edificio neoclásico del Conservatorio de música de la UdeG, o estuvo a punto de reducir a polvo el “Mesón del Diablo”, y tantísimos otros ejemplos propios de repúblicas tropicales donde los gobernantes hacen caso omiso de la opinión pública, tenga el peso que tenga.

 

Resulta realmente inexplicable y hasta sospechoso ese empeño por arrojar sobre el Centro Histórico esas estaciones mastodónticas, y ese tipo de transporte que arruinarán su paisaje urbano, pondrán en serias dificultades los monumentos que en esa vía se hallan, y perjudicarán a todo el primer cuadro de la ciudad, ya que este sapo inflado no desaparece al parque vehicular, solamente lo dispersa por todas partes, es decir, por los barrios y estrechas calles del centro donde todavía, a duras penas, vive mucha gente.

 

También podría llamarse miopía u obstinación, el afán por imponer dicha línea, ya que bastaría construir la línea tres del tren ligero subterráneo, de Zapopan a la estación Mezquitán de la línea uno, de donde se podría trasbordar no sólo hasta el Centro Histórico desde las estaciones Juárez o Universidad, sino hasta Tetlán, de donde debería arrancar otra línea del tren ligero que comunicara con Tonalá, y desde la estación san Jacinto, un ramal del tren ligero que llegara a san Pedro, base de otra futura línea de comunicación entre esta villa y el oriente tapatío por la avenida Plutarco Elías Calles o mejor aún, por la amplísima calle 74. Los costos serían desde luego mucho menores y se aprovecharían las líneas subterráneas que ya tenemos, con visión de futuro y no como parches de momento.

 

En esta misma perspectiva, todo el transporte urbano que viene de 8 de Julio o de prolongación Alcalde, debería ser desviado para alimentar tanto al tren ligero de Federalismo como al ya existente Macrobús de la Calzada Independencia, con lo cual el tráfico pesado de camiones, y la amenaza inconsistente y destructora del Macrobús se alejarían del eje Alcalde–16 de Septiembre.

 

Por más que las comparaciones sean hirientes, habría que mirar a Monterrey para constatar la manera inteligente y articulada con la que sus autoridades han resuelto, hasta ahora, el problema de la movilidad urbana. Ellos sí tienen recursos y capacidad para tener más de treinta estaciones de tren subterráneo, y van por la tercera línea. También nosotros tuvimos dinero e ingenio cuando se construyeron las líneas uno y dos del tren ligero ¿ya se nos acabó lo uno y lo otro?