ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Marchas o marchas?

3 de octubre de 2010

Dicen que los políticos se dividen en dos grupos: los que nunca saben cuando retirarse y los que sí saben, pero no lo hacen. Y por políticos se incluyen aquí tanto los oficiales como los no oficiales, que suelen ser los más determinantes.

 

Seguramente en el conflicto que hemos observado, aparentemente entre Universidad y Gobierno, hay mucho de políticos en combate sin desconocer que la causa que se defiende no lo sea. Por lo pronto nos han dado una exhibición interesante acerca del manejo de los medios de comunicación, de las declaraciones, de las marchas estudiantiles y de la opinión pública.

 

Los resultados del quehacer universitario no pueden validarse por el número de alumnos que reciben, ni siquiera por el número de sus egresados, ni por la cantidad de títulos, doctorados, maestrías y licenciaturas que se otorgan, sino por el impacto constatable de esos titulados en la transformación, crecimiento y desarrollo de la sociedad, fruto del nivel alcanzado en la investigación y la docencia; en la transformación misma de la calidad de pensamiento y acción de la propia Universidad, en su contribución a una democracia genuina, en la formación de personalidades creíbles.

 

Al menos en su pasado lejano y reciente, la Universidad de Guadalajara ha producido frutos en todos los campos arriba señalados, aunque de momento no se mencionen, esperamos que sea por modestia o involuntaria omisión, y no porque hayan comenzado a escasear.

 

Los medios de comunicación transmiten por supuesto lo que les envían y pagan, aun si entre un mensaje del Gobierno y otro de la Universidad se filtra un promocional del próximo espectacular evento en el Teatro Diana o en el Auditorio que, suponemos paga previa, se llama Telmex. Espectáculos que lamentablemente no dan a la Universidad el apoyo económico que era de esperarse.

 

El Gobierno por su parte, al margen de sus declaraciones insólitas y la postrera y aún más insólita visita del gobernador, se luce mostrando los cheques de cuantiosas sumas que entrega afirmando que sí le da a la Universidad abundantes recursos, olvidando que el Gobierno no da nada a nadie, solamente administra los recursos públicos que la ciudadanía aporta, a cambio de lo cual debe la misma ciudadanía perder tiempo y dinero, y sufrir por el aumento de la contaminación, porque a los dirigentes de la Universidad les ha parecido honesto sacar de clases a los alumnos y mandarlos a obstruir las vías públicas como un taller pedagógico sobre recursos primitivos para afectar la vida de todos.

 

También estos sainetes son frutos de la Universidad y de sus egresados en el Gobierno y en la propia prestigiosa institución educativa; también el hecho de que la sociedad simplemente los sufra sin que se le tome en cuenta, y sin pretender la misma sociedad hacer valer su opinión. No fue educada para hacerlo.