ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Máscaras de cartón

7 de noviembre de 2010

Con una tradición más que centenaria, el día de muertos se ha caracterizado en Guadalajara, entre otras cosas, por la feria de juguetes de cartón en la antigua Alameda tapatía. Cabezas de caballo montadas en carrizos, cascos romanos, muñecas fantasiosas y máscaras multiformes han predominado en la escena por lo menos hasta tiempos recientes; en su origen eran los juguetes de los pobres, que difícilmente se podían quebrar pero de ninguna manera se debían mojar. Ciertamente de todos estos elementos el que más llama la atención es la máscara, pues se ha usado para asustar, engañar, representar, ocultar y sobre todo para disfrazar al que la porta. No es privativa de los niños, puesto que la han usado por igual jóvenes y viejos. La tradición de la máscara sin embargo es ante todo una tendencia humana identificable en prácticamente todas las culturas, y ha dado ocasión a innumerables estudios para entenderla, así como a infinitas expresiones y formas para crearla a lo largo de los tiempos, pareciera que cuando el hombre descubrió su cara, inventó las máscaras, por más que no toda cara las requiera.

 

Curiosamente la máscara por sus mismas características es la expresión más sincera de doblez que pueda darse, pues a todo mundo le resulta evidente que se trata de un artificio, cualquiera sea el material que se utilice para elaborarla, máxime que la intención del portador es desde todos los ángulos manifiesta: ocultar. Otro asunto es cuando el mismo rostro se convierte en una máscara que la personalidad de cada quien modifica tantas veces cuantas sea necesario, volviendo imposible acceder al verdadero ser de quien la porta. Entonces la máscara son los gestos, el ceño, y sobre todo, la palabra, el disfraz más engañoso cuando quien la usa, lo hace precisamente para ocultar, mentir o  manipular, peor aún si al fingido discurso le agrega una carga emotiva que está lejos de sentir.

 

De esta tensión muchas personas se escapan, pero ninguna sociedad es ajena, y así tenemos individuos no solamente dobles sino hasta trinos, pues a fin de cuentas de tanto fingir por todos lados, acaban fingiendo incluso frente a sí mismos. Ya no saben con cuál de sus múltiples máscaras se identifican en realidad, porque se han convertido solamente en eso, en una máscara tras de la cual ya no hay sujeto alguno. Entre el ser y el parecer, eligieron con tanta intensidad lo segundo que acabaron por dejar de ser, si es que alguna vez fueron, y que vengan los psicólogos a explicarnos el drama.

 

La feria de los juguetes de cartón se sigue realizando en Guadalajara y son sus máscaras la sincera alegoría de lo que acontece cotidianamente en la misma sociedad, a sabiendas de que tarde o temprano, al igual que ocurre con las máscaras de cartón, las máscaras sociales acaban por mojarse. Afortunadamente.