ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Mensajes confusos

13 de septiembre de 2009

Dicen que cuando un profesor no entiende el tema que está impartiendo, debe hacerlo todavía más confuso, para que nadie le haga preguntas incómodas.

 

Poco se sabe acerca de la arenga que Miguel Hidalgo lanzó a sus parroquianos, antes de la misa de 5, aquella mañana del domingo 16 de septiembre de 1810. No había desde luego grabadoras ni apuntadores, han quedado solamente testimonios borrosos que afirman lo esencial de aquel grito guerrero: “Viva Fernando VII, y mueran los gachupines”. Por supuesto que don Miguel no hizo sonar ninguna campana, no era sacristán. Sobre su proyecto podemos decir que se apoyó, inicialmente, en un mensaje confuso que, o no revelaba las verdaderas intenciones del movimiento, o bien, éstas se fueron aclarando para él mismo en la marcha. Se entiende así la inestabilidad de sus seguidores, unos sacando provecho personal de la revuelta, otros apartándose a medida que entendían los reales fines de la causa, y otros asumiéndola con mayor conciencia.

 

Hidalgo comenzó así un movimiento que no sabía a donde llevar, por eso la llamada ruta de la independencia sigue la traza de un buscapié lo mismo en lo geográfico que en lo ideológico. Todavía a Celaya entró don Miguel con el retrato de Fernando VII; después de la matanza de Guanajuato ya no se supo donde fue a parar la imagen de su majestad.

 

Por razones tanto canónicas como circunstanciales, el obispo electo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo excomulgó a Hidalgo el 24 de septiembre de 1810, fijando el edicto en las puertas de la catedral de Valladolid; pero como signo elocuente de la confusión que reinaba, el 16 de octubre siguiente le fue levantada la excomunión por el Vicario General de la misma diócesis, Mariano Escandón y Llera, dato que algunos legisladores mexicanos del presente desconocen, toda vez que andaban pidiendo se le levantara a Hidalgo una excomunión que había durado apenas 22 días.

 

En Valladolid los insurgentes se dedicaron a darse títulos y uniformes deslumbrantes que irán en aumento, ya en Guadalajara Hidalgo había pasado de ser Capitán General de los Ejércitos de América, a Generalísimo de América y Alteza Serenísima. Al margen de estos desahogos, es claro que en tres meses la defensa del rey depuesto por los franceses pasó a segundo término, aclarándose para todo mundo que la insurgencia buscaba fundamentalmente la independencia de la Nueva España.

 

Algunos historiadores interpretan esta inicial confusión de mensajes como una táctica de los mismos cabecillas de la insurgencia que no podían de buenas a primeras proponer a la sociedad virreinal la ruptura con la madre patria, y por supuesto, la ruptura con el rey, al cual se sentían estrechamente ligados; había pues que disimular la causa. Doscientos años después y gracias a la revolución mediática, los mensajes oficiales, que no han dejado de ser confusos, pueden confundir con mayor rapidez a cada vez mayor número de personas, que sólo en materia de reformas fiscales ya no sabemos si se trata de salir de la crisis o profundizar en ella.