ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Mes de mayo

1 de mayo de 2016

Los obreros, los patriotas, las madres, los maestros y los estudiantes son los temas que agobian las espaldas del mes de mayo. Son los temas del México de hace sesenta años. El heroísmo generoso y abnegado de las madres que hacen y crían niños, la entrega altruista de los maestros que los educan para que con el tiempo sean obreros, patriotas y hasta estudiantes, y de esta forma la nación mexicana siga adelante por los senderos del progreso y la autonomía.

 

Por lo mismo las masas obreras desfilaban llevando al frente a sus valientes líderes sindicales frente a las autoridades políticas que los veían pasar llevando pancartas y emblemas, sin saber dónde se ubicaban en esa fiesta los grandes empresarios del país, ni mucho menos hasta qué punto esa celebración laudatoria se reflejaba en el salario.

 

El 5 de mayo, aniversario de una batalla victoriosa que no impidió la Invasión Francesa, había que recordar el arrojo de los indios zacapoaxtlas a pesar del cual siguen más o menos igual que entonces, mientras que Francia se fue el 2 de abril de 1867 para volver triunfante durante todo el porfiriato.

 

La veneración de la maternidad iba viento en popa hasta que comenzaron las campañas del control de la natalidad, porque la familia pequeña vivía mejor; después algunos malosos empezaron a insinuar que la madre era culpable del machismo, otros dijeron que la maternidad frustraba el derecho de toda mujer a ser profesionista y empresaria, líder político y hasta presidente, de manera que mejor era no ser madre, sino mujer liberada y desinhibida. Que el embarazo afea la grácil figura ha sido un ajuste adicional al tema, que no impide la actual guerra de género al estilo elitista y melodramático de “las Aparicio”.

 

El México posrevolucionario inventó el día del maestro, pues siendo la educación panacea del progreso y la superación, enfocó sus halagos en esta profesión, mirando sobre todo al maestro rural que abandonando las comodidades urbanas se va a los lugares más apartados de la civilización para llevar la luz del entendimiento a las masas analfabetas. Algo pasó en el entretanto, cuando tantas Escuelas Normales se volvieron verdaderamente revolucionarias y más que maestros de la mayor calidad forjaron activistas sociales, emancipados de la ortografía, de la pedagogía, de la actualización, de la responsabilidad, de todo, menos del salario y la capacidad de heredar la plaza.

 

Y no obstante estas nuestras peculiaridades, el esfuerzo cotidiano y mal pagado de los obreros y empleados de este país sigue siendo sustancial para el país; el trabajo múltiple de las mujeres que asumen la maternidad sigue siendo insustituible y altamente valioso; la entrega de miles y miles de genuinos profesores a su vocación educadora no puede ser soslayado por eventualidades mafiosas; y pese a la globalización, los mexicanos debemos transitar del patrioterismo sentimental y folklórico, a un compromiso de nación que nos haga ser interlocutores en el concierto de esta globalización y no meros ejecutores de las consignas de otros países que sí han sabido serlo.