ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Mujer bonita

11 de diciembre de 2011

Julia Roberts hizo célebre la película titulada Mujer Bonita, estrenada en 1990. Al margen de su trama romanticona y fantasiosa, la protagonista encarna a una mujer que además de bonita resulta ser bastante inteligente. No siempre la belleza acompaña a la inteligencia, ni jamás ha sido recomendable atenerse al físico o a la simpatía cuando se otorgan responsabilidades.

No obstante el valor permanente de esta sentencia, la sociedad actual, hecha a imagen y semejanza de los espectáculos de artistas y actores, quisiera que en todos los ámbitos el atractivo físico ocupase el primado, y fuese este atractivo la razón fundamental para su toma de decisiones. El olfato agudo de los partidos políticos en México ya advirtió esta variable que padece la sociedad mexicana y ha hecho de todo para tratar de conciliar capacidad con hermosura. En ocasiones ha constatado que los políticos capaces son feos, y muy ineptos los bonitos. Si la postura de los partidos fuese de responsabilidad para con la sociedad y la nación, este tipo de consideraciones serían absurdas, pero desde el momento en que la misma sociedad carece de esa responsabilidad y decide con base a los dictados del corazón, la carta está echada y habrá que urdir sofisticadas maquinarias para respaldar y sostener las hermosas marionetas que conquistan a la afición, porque el maquillaje no incluye la dotación de seso.

Que los candidatos bonitos al primer descuido de sus múltiples asesores metan la pata, son gajes del oficio con los que se debe paliar; pero que los mismos asesores pongan a leer a sus asesorados discursos de precampaña donde afirman que su primer y principal compromiso, en caso de ganar las elecciones federales, será sujetarse a los intereses de su partido, es algo que verdaderamente deja sin aliento al buen entendedor. Dice el viejo dicho que entre gitanos no se leen las cartas, por lo mismo, que las primeras promesas de campaña se dirijan a los integrantes del mismo partido o es ignorancia de la sabiduría gitana, o declarado cinismo frente al conjunto de la sociedad mexicana que al parecer, sale sobrando.

Se decía de cierta población regional en que toda palabra la terminan en “i”, excepto “confete”, que sus muchachas eran bonitas y lo seguían siendo hasta que comenzaban a hablar. Algo así está ocurriendo en los establos de la “caballada” política mexicana y puede ser que hasta esté preocupando en serio a los promotores de este tipo de candidaturas.

Por otra parte habría que entender muy bien que el perfil de los candidatos suele mostrar el perfil de quienes los promueven, sus intereses, sus inclinaciones y simpatías, sus esperanzas y temores, con frecuencia muestra también la arbitrariedad con que excluyen a los capaces a favor de los cuates, de los aduladores, de los que dan señales de que les protegerán las espaldas cuando se haga necesario, a costa, claro, del país.