ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Mundos dispersos

27 de mayo de 2012

Fuera de notables excepciones, las campañas electorales son un paseo por México. Trabajar de candidato es un magnífico trabajo, en ocasiones agotador, pero con abundantes beneficios económicos y emocionales, sobre todo si el beneficio final es tener asegurado un jugoso salario por los próximos tres o seis años; se gane o se pierda los candidatos siempre ganan. Multitudes delirantes, aplausos infinitos, agitación de banderas y pancartas, derroche espectacular de dinero y saliva, viajes en vehículos blindados, en aviones y helicópteros, abundancia de guardaespaldas, desayunos, comidas y cenas de primer nivel, regalos de todo tipo con la esperanza por remitente, un mundo distinto, otro mundo, el mundo del poder y del dinero.

 

Cuarenta y nueve asesinados en Nuevo León, dieciocho en Jalisco, descuartizados, desperdigados, en su mayoría, personas inocentes, transeúntes, estudiantes, albañiles, obreros. El SEMEFO dedicado a la terrible tarea de identificar los miembros, de unir cadáveres, de tener en sus manos el brazo, la pierna, de habrá que ver qué torso, que cabeza. Decenas de familias atravesadas por el dolor y la impotencia, arremolinándose afuera de la morgue, gente pobre, sin palancas, sin recursos.

 

En otro sitio, muy lejos en todos los sentidos, muchachos agitando banderas en las avenidas, ofreciendo calcomanías con el rostro sonriente del candidato al que se ve por todas partes con la misma sonrisa, mostrando su nivel y su clase; muchachos y señores, hombres y mujeres asoleados, repartiendo volantes, sosteniendo pancartas, gritando con altavoces, ganando un salario mientras dura la campaña, con la secreta esperanza que de ganar el candidato, algo les toque, un puesto en la absurdamente abultada burocracia, el puesto que tenía otro, o uno especialmente creado para satisfacer la demanda de los que apoyaron en el proceso electoral.

 

A través de los medios de comunicación los actuales gobernantes estatales y municipales de los actuales partidos en pugna electoral tratando a como dé lugar de ocultar las limitaciones, las carencias, la incapacidad, los constantes errores, las corruptelas cotidianas; ausencia casi total de autoridad y gobierno en el espacio público, el fracaso de la “inteligencia” policial, si es que la hay, el esfumarse de los recursos porque estamos en el último año del trienio o del sexenio, y ya nadie hace nada.

 

En la capa exterior de la atmósfera mexicana, los líderes sindicales, tan lejos del país como de los trabajadores a los que dicen representar, lanzando discursos escritos por otros porque es 1 de mayo, o porque es Día del Maestro, hora y momento de volver a defender los derechos laborales, incluido el derecho a hacer las cosas como a cada quién le pegue la gana o simplemente dejar de hacerlas, el derecho a no rendir cuentas, a no ser evaluado, pero eso sí, a obtener aumento de sueldo no según aptitudes o resultados, sino a pesar de la ausencia de aptitudes y resultados.

 

Una sociedad fragmentada en mundos tan dispares no puede dar garantías de sobrevivencia, pero eso no parece importarle a ningún candidato, a ningún gobernante, ellos ya se hicieron ricos o están por lograrlo, eso sí que es importante.