ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Narco leyendas

28 de noviembre de 2010

La tendencia social a construir leyendas a partir de tales o cuales situaciones es un índice del impacto de las situaciones que las originan. El hecho de la producción, tráfico y consumo de enervantes ha sido tierra bastante fértil para la generación de leyendas, de alguna forma emparentadas con los llamados narco corridos, unas y otros con una cierta dosis de realidad, de testimonio, de constatación por vías alternas.

 

Esta literatura, eco de los antiguos juglares, se diferencia notablemente según se origine en el medio urbano o en el medio rural, en la Sierra Madre Oriental o en la Occidental, si bien muchos de sus lugares comunes reflejan el mundo representado por la serie de películas rodadas bajo el título de “El padrino”, adecuado a nuestros escenarios. En estos rumores indecisos entre la leyenda y el testimonio abundan las “noticias” sobre espléndidos banquetes bajo la sombra de los altos bosques a donde las cajas de champaña y Vega Sicilia ascienden en cuatrimotos, con abundancia de puros cubanos, coñac de las mejores marcas y los servicios de siete tiempos lo mismo en sofisticadas vajillas que en platos desechables.

 

La presencia de políticos y militares de alto rango figurando en las listas de invitados, forma parte también de estos decires porque alguien vio, o porque a alguien le dijeron, o porque conocen a personas cercanas que andan en “eso”, o porque un amigo fue de mesero. También la inmortalidad de los líderes tiene su rol. Si los fanáticos norteamericanos siempre han sostenido que Elvis no ha muerto, y lo mismo dijeron sus contrapartes mexicanos sobre Pedro Infante, hoy los inmortales son los grandes capos, que con semblantes quirúrgicamente corregidos y hasta mejorados, siguen circulando o gozan de perpetuas vacaciones como testigos protegidos. Así, unos inmortales y otros ubicuos, conservan su aura de poder, de glamour, de fama y de éxito.

 

Estas narraciones incluyen también la vida y la suerte de los niveles inferiores, la noticia de la pastora protestante de tal o cual sierra, todo el día gritando por altavoces que es la peor pecadora, y todo el día vendiendo al menudeo grapas y tachas. Que los bancos de tal o cual pueblo se quedaban sin moneda mexicana luego que bajaban los campesinos a cambiar dólares, producto del envío de yerba vía helicóptero o avioneta, invariablemente propiedad de los “gringos”, “que se paran allá, en el claro”, o usan la terracería del plano.

 

Leyendas del narcotráfico, o género de leyenda para expresar así lo que de otro modo no podría decirse. Leyendas o realidades sobre la forma de alterar los productos añadiéndoles lo mismo cal que carbonato, una cal que se pega en los pulmones del adicto y lo hace vomitar sangre, perjudicando el jugoso negocio; inmoralidad contundente que los sicarios deben castigar de manera ejemplar y aterrorizante, pues en este negocio sucio se debe jugar muy limpio.