ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Negocio de familia

11 de mayo de 2014

Entre los diversos temas reclamados por diversas manifestaciones ocurridas el pasado primero de mayo, el de la Reforma Energética fue una constante. También fue constante detectar, al menos en Guadalajara, el bajo nivel del discurso proclamado.

 

Hacia las seis de la tarde MORENA local hizo lo propio tan repetitivamente como siempre y como todos: banderines, carteles, gritos, consignas, líderes diseminados, un auto guía dotado de sonido, gente caminando más o menos uniformada, más o menos informada, tal vez convencida de que esta vez los cabecillas no sacarán provecho de un nuevo partido, de que no se va contra las reformas para lograr dividendos personales o de facción.

 

Por la Avenida Juárez el tráfico desviado, pero siempre constante, ubicuo, múltiple, demostrando por una parte el enorme poder que tienen los energéticos para mover a la sociedad y al planeta, sostener a cuanta empresa sea posible imaginar, seguir lanzando adelante a la civilización, y mantener el dinamismo de la economía mundial.

 

Por la otra parte este dominio de los energéticos confirmaba su posición como una de las principales fuentes para el enriquecimiento del Gobierno mexicano que lo mismo vende millones de barriles de petróleo al extranjero que millones de barriles de gasolina a los mexicanos en un negocio perfecto, pues nada rinde tanto como robar gallinas y vendérselas al dueño. Y con la gasolina, el gas y la energía eléctrica, todo procediendo de la misma fuente, “nuestros” recursos naturales, todo administrado por la misma mano.

 

Claro, existen los permisionarios, los distribuidores, los empresarios privados cuya mayoría está de acuerdo en que vender gasolina al precio establecido no es negocio. Adulterarla, alterar las máquinas expendedoras, eso sí deja ganancias, y lo hace todos los días, gracias al acuerdo tácito entre Alí Babá y el honesto empresariado gasolinero.

 

En este nefasto consorcio gana la gente que sabe hacer alianzas, la mejor y más común de las alianzas, la que se hace entre gobernantes y delincuentes para robar impunemente a la gente, la gente que debe comprar energéticos cada mes más caros, siempre pagando más de lo que realmente recibe, y de calidad inferior a la que paga. La alianza entre gasolineros e inspectores que hacen que revisan para que los gerentes los estimulen “efectivamente” a dar buenos resultados.

 

Qué bueno que el señor Cuarón hizo preguntas a quién oficialmente debe responderlas, qué mal si se contenta con las respuestas que le mandaron como si se tratara de un discurso de campaña. Si tan seguros están del resultado de las reformas, que apliquen ahora mismo las consecuencias, a cuenta de las futuras ganancias, de la misma forma en que se siguen endeudando a cuenta del próspero futuro económico mexicano.