ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Neoliberalismo expansivo

13 de diciembre de 2009

La propuesta liberal del siglo XIX se aplicaba preponderantemente al orden político y al orden económico, dando a ambas actividades manos libres, ya que el logro de sus altos fines justificaba cualquier medio que se usara para alcanzarlos. En México ambas direcciones se asumieron fortaleciendo un estado de carácter paternalista. Solamente el gobierno sabía lo que le convenía al pueblo, solamente el gobierno lo podía oficialmente representar, solamente el gobierno se constituía como salvador de la patria, y garante indiscutido de su prosperidad en todos los ámbitos de la vida, sin tener por qué dar cuentas a nadie de lo que hiciera. Un padre de ese tamaño no podía tener sino hijos enanos.

 

En buena medida la Revolución Mexicana será una reacción violenta a ese tipo de poder supremo intocable y absoluto pese a su mote democrático. El nuevo orden político resultante no varió mucho su identidad, ciertamente fracturó la posibilidad de la reelección, pero se aseguró de mantener su esencia a través de la continuidad de un único partido en el poder. Por el contrario en materia económica derivó hacia un capitalismo de compromiso social que abrió las puertas al cumplimiento de las promesas revolucionarias.

 

Con la inevitable evolución de la sociedad, sobre todo la urbana y profesional, se vino generando una presión cada vez mayor en contra de la simulación democrática que se vivía, lo cual produjo una larga serie de reformas constitucionales, entre otras, la posibilidad legal de obligar a los funcionarios públicos a transparentar su gestión, informando sin tapujos, como es su obligación, de cuanto hacen o dejan de hacer con su trabajo y con el dinero de la ciudadanía.

 

La experiencia reciente de esta evolución social y democrática ha demostrado por lo menos dos cosas: primero, la información forma la conciencia ciudadana alertándola sobre las acciones correctas e incorrectas de sus representantes; segundo, el acceso a la información crea problemas por lo menos mediáticos, a cuanto funcionario público quiera seguir actuando como el señor y dueño de la vida y los recursos económicos de la ciudadanía.

 

Los manejos que se han dado para poner límites a los progresos de la evolución democrática de la sociedad muestran por otra parte varias cosas: que los partidos políticos no representan ya a la ciudadanía, y por ende, tampoco lo hacen quienes desde los partidos llegan al poder; que muy malas intenciones deben tener los funcionarios cuando buscan a toda costa ocultar al escrutinio ciudadano sus acciones; que la separación de poderes sigue siendo un mito, ya que con frecuencia todos se unen cuando de protegerse a sí mismos se trata; que con el dinero de la comunidad se paga a los diputados para que legislen en contra de la misma comunidad, pero a favor de la nueva legislatura, indudablemente al servicio de los otros poderes, ya que lo que busca es legalizar el encubrimiento.

 

Si el neoliberalismo económico concentra la riqueza en pocas manos, depauperando al resto de la población, el neoliberalismo político se apropia de un poder que era solamente delegado, reduciendo a la sociedad a simple vasallaje.