ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Oaxaca

12 de junio de 2011

Oaxaca es la puerta al México del Sur, el estado de los 570 municipios, la gran mayoría de ellos con leyes propias, exportador proverbial de mano de obra barata dentro y fuera del país, la tierra por donde pasa la gran autopista fruto del plan Puebla – Panamá, muchos de cuyos tramos yacen desde hace años sepultados por aludes de tierra, sobre los cuales la gente ha trazado veredas, y los autos enormes brechas, en tanto la maquinaria se arraiga abandonada en el paisaje.

No obstante ser un estado con enormes riquezas naturales, culturales y sociales, ocupa el sitio 31 en productividad económica lo cual explica el que más de 400 mil oaxaqueños se hallen radicados como población flotante en el estado de México y Distrito Federal, en tanto una suma similar intente anualmente cruzar la frontera Norte. De acuerdo a datos oficiales, el 95% de su presupuesto anual proviene de la federación; si Oaxaca fuera una empresa estaría en quiebra desde hace ya muchos años.

Oaxaca es también un estado de gente joven, el promedio de edad es de 22 años, en el resto del país es de 24; gente joven que al parecer no tiene futuro en su propia entidad. La explicación de este atraso general puede desde luego seguir distintas vías, pero una es clave definitiva: la educación. El promedio de escolaridad en ese estado es de seis años, en el país es de ocho. De cada 100 niños que entran a la primaria, solamente seis concluyen una carrera, de cada 100 habitantes mayores de 15 años, 19 son analfabetas. Si a estos datos añadimos un estudio sobre la calidad educativa que reciben los que sí van a la escuela, el resultado puede ser una magnífica explicación del porqué de su retraso, de su especial capacidad para ser manipulables, seguir inercias políticas o trasladarlas a otros movimientos, destruir su mismo patrimonio cultural y sabotear las nuevas posibilidades de desarrollo que se les presentan, al parecer, incapaces de conciliar tradición y progreso.

Afortunadamente muchos responsables de esta grave situación tienen cuerpo y cara, a falta de nombres y apellidos, pues periódicamente se exhiben lo mismo en las ciudades de Oaxaca y México, mostrando por calles y avenidas la calidad de la educación que recibieron y la calidad de la educación que intentan transmitir cuando eventualmente dan clases. Son los maestros de Oaxaca, por lo menos así se manifiestan, los maestros de la escuela pública y gratuita que no admiten ser evaluados pero siempre están a la caza de nuevos beneficios económicos, que manejan el ciclo escolar a su antojo, para luego imponer a la sociedad nuevos horarios y jornadas para reponer, dicen, el tiempo perdido, que en el caso de Oaxaca no es ya de días o semanas, sino de años y décadas.