ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Otro aniversario

18 de septiembre de 2011

Hace un año todo el país había sido envuelto por la magia del Bicentenario. Los preparativos nacionales y el festejo mismo nos ayudaron a entender, recordar y aun rectificar que hacía 200 años iniciaba la lucha por la Independencia. Ya son 201 años del inicio belicoso de dicha búsqueda, lo que todavía no sabemos es definitivamente cuándo la vamos a concluir.

Hace 201 años, la Nueva España tenía una extensión de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados, carecía de deuda externa, en tanto que muchos empresarios de la metrópoli española estaban endeudados con nosotros; en tres siglos no habíamos tenido ningún conflicto armado, más allá de las crónicas marchas, disturbios y plantones de la capital virreinal, si bien éstos eran de siglo en siglo. El gasto público destinado a sostener el aparato burocrático era comparativamente muchísimo menor; por supuesto que los virreyes, capitanes generales, presidentes de audiencia, oidores y regidores, recibían salarios muy inferiores a los que hoy reciben sus equivalentes, y sabían que al terminar su gestión se les aplicaría un “juicio de residencia” para evaluar su trabajo y la honestidad con que lo habían realizado, sin que congreso alguno interviniera para encubrirlos. Como carecíamos de Poder Legislativo, el reino se ahorraba una fortuna impresionante y, desde luego, se ahorraba también infinidad de vergüenzas que hoy día debemos soportar. Tampoco se había inventado la lotería de los partidos políticos, gracias a lo cual el ahorro era todavía mucho mayor.

Siendo, como éramos, parte de un imperio, pocos osaban amenazar nuestro patrimonio territorial o de cualquier otra índole; entre esos pocos destacaban los piratas de su majestad británica, de los cuales mucho provecho obtenía Inglaterra sin tener que despeinarse. Aun con las pesadas cargas tributarias con el imperio, la Nueva España había generado numerosos polos de desarrollo que hoy, al pasar del tiempo, se han convertido en atractivos espacios para el turismo nacional y extranjero, con espléndidas ciudades que ya hubiese querido tener Estados Unidos al momento de su emancipación. De igual manera la infraestructura minera, agrícola, ganadera, comercial y de comunicaciones había alcanzado notables avances para su tiempo, todo lo cual hacía de esta Nueva España, junto con el virreinato del Perú, las joyas de la corona.

A partir de 1810 a nuestros antepasados les dio por buscar la independencia con respecto al imperio español, lográndola en 1821; a partir de ahí comenzamos una larga historia de pérdidas, tanto territoriales como patrimoniales y aun de infraestructura económica, arruinada por la incesante serie de guerras partidistas que se sucedieron, y de las permanentes intervenciones extranjeras, cercanas y lejanas. Todo esto nos llevó a nuevas sujeciones que lejos de superarse se han profundizado. Esta realidad nos lleva a considerar que la lucha por la independencia simplemente no ha terminado, aunque por otro lado no sabemos si todavía alguien en este país la está buscando.