ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Otros ambulantajes

25 de agosto de 2013

El Centro Histórico de Guadalajara no debe convertirse en un tianguis, pero operan en contra de este ideal cuatro factores cruciales, el hambre de cada día, la ambición permanente y desbordada, la gente que compra lo que le vendan, y la corrupción burocrática que funciona a su modo, ignorando tranquilamente lo que diga el señor Alcalde.

 

Pero el ambulantaje no se reduce solamente a los comerciantes informales conocidos, indígenas o paisanos, que venden todo tipo de cosas y servicios, también el transporte público opera como un ambulantaje que destruye y desordena: por la abundancia de sus “centrales camioneras” fuera de toda norma, mismas que se sitúan por diversos rumbos del Centro, así: en la calle de Santa Mónica entre Reforma y Garibaldi; por la calle de Angulo, entre Pedro Loza y 16 de Septiembre; sobre la avenida Corona, de Revolución a La Paz por la acera poniente; en la calle de Leandro Valle, entre 16 de Septiembre y Corona; en la calle de Colón entre Revolución y Prisciliano Sánchez, por la calle de Morelos, entre Mariano Bárcena y Mezquitán, etcétera. En esos espacios se puede observar el trato que el transporte urbano da a la ciudadanía, ya desde antes de transportarla, pues la gente debe hacer largas colas, haga sol o esté lloviendo, y esperar la hora de salir, misma que solamente el chofer sabe. Estas “centrales” ahogan el tráfico, producen basura todo el tiempo, atraen comerciantes de lo más variado, convierten en letrinas cualquier espacio, y contaminan con los escapes y el ruido de sus motores, mismos que mantienen todo el tiempo encendidos.

 

Ambulantaje camionero porque además de sus “centrales”, los camiones se paran donde les da la gana, obstruyen los pasos peatonales, se cruzan las luces preventivas para quedarse atorados a media calle, rebasan en triple fila, se suben a las banquetas y no hay poder en el mundo que los controle. En ciudades más civilizadas, como Oaxaca, los camioneros sí cuentan con verdaderas centrales urbanas por los cuatro puntos cardinales de la urbe, sea que deban transportar a los usuarios a tales o cuales colonias, o también para llevarlos a municipios aledaños o poblaciones de cercanía, como serían en Guadalajara lugares como El Salto, Juanacatlán, Santa Anita, y otros. Estas centrales están dotadas de servicios higiénicos, salas de espera techadas, patios de estacionamiento, carriles de salida y entrada, y señalamientos adecuados; para ello se aprovechó lo que fueran en otro tiempo los “corazones de manzana”, y ya no se ve lo que miramos todos los días en nuestro caótico Centro Histórico.

 

También tenemos en esta noble ciudad comercio semi ambulante en la zona que va del Parque Morelos a San Juan de Dios, pero es de otro tipo, es comercio de personas, de toda edad, muchas de las cuales ponen sus “escaparates” portátiles en la calle de Agua Fría, que muy pronto deberá cambiar de adjetivo; ahí este comercio se ejerce de día y de noche, a la vista de todo público, apenas a tres cuadras de tres escuelas, una primaria, otra secundaria, y una escuela de enfermería, para que a nadie le quepa duda de que nuestra ciudad ya es postmoderna. Este comercio incluye, desde luego, otro tipo de productos adicionales e ilícitos.

 

Pese a la voluntad y acciones del alcalde, es evidente que la solución de los problemas que enfrenta el Centro Histórico de Guadalajara debe involucrar a todas las instituciones, públicas y privadas, y desde luego a la ciudadanía.