ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Otros decálogos

7 de diciembre de 2014

Dos años es demasiado pronto para que un proyecto presidencial naufrague. No obstante a tenor de las actuales condiciones el futuro inmediato de la presidencia federal resulta bastante complejo.

 

El éxito nacional e internacional de las reformas se basó, exclusivamente, en la prontitud de su aprobación, éxito que para la mayoría de la población pasó desapercibido. No así las consecuencias, que muy pronto comenzaron a generar un evidente malestar generalizado, sea por los intereses lesionados, sea por la precariedad de los resultados, no otra cosa que promesas de futuro muy futuro a un costo de presente muy presente.

 

El problema del magisterio, particularmente en los estados del sur, permanece hasta ahora sin solución y con una hipersensibilidad que cualquier cosa lo reaviva y hace explotar.

 

El crecimiento de la delincuencia organizada y de la común sigue día tras día en todo el país. La presencia del ejército, la nueva gendarmería, el nombramiento de comisionados, la renuncia de gobernadores, nada ha parado su poder y constante agravio a toda la sociedad.

 

La corrupción en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes conserva carta abierta, y esto lo sabe todo mundo, basta pararse en cualquier dependencia para constatar lo que significa la proliferación de mafias, todas ellas apadrinadas con el mayor descaro, fenómeno que incluye policías, jueces, abogados, magistrados, alcaldes, regidores, etcétera.

 

A nivel nacional el problema de la economía informal no se reduce solamente a su carácter informal, sino sobre todo al hecho de convertirse en tapadera del comercio ilegal y aún del delincuencial, pues en muchos de esos espacios se comercia lo legal, lo ilegal y lo robado con base a compadrazgos, sobornos y amenazas de todo tipo.

 

En un nivel superior y distante, la alta clase política y sus familias viven en otro universo y lo exhiben en las revistas de glamour donde presumen maquillistas, modistas de renombre, peluqueros y accesorios, todos estos felices mexicanos bajo el cuidado de un alto porcentaje de la policía nacional.

 

El caso emblemático de Ayotzinapa ha sido solamente un detonante que ha sacudido la conciencia de muchos, apenas una herida entre las miles que laceran hoy día el cuerpo de la nación, pero que tiene el potencial de mantener en solfa a todo el gobierno todavía por mucho tiempo. El grito aparentemente absurdo de “vivos se los llevaron, vivos los queremos” se puede entender no desde la imposibilidad de que revivan los muertos, sino desde la negación radical a seguir manteniendo el sistema político mexicano tal y como está.

 

En el antiguo catecismo de Ripalda, luego de presentarse los diez mandamientos se añadía que esas diez normas se resumían en dos. El presidente la tiene más fácil, pues su decálogo se podría resumir en una sola cosa: abata, extermine, acabe con la impunidad, solicite poderes extraordinarios para hacerlo precisamente a partir del poder judicial, ampárese en leyes ex profeso promulgadas para cortar de cuajo todo escape, no necesita de diez o veinte nuevas medidas, comience con ésta y hágala emblema de sus restantes cuatro años de gobierno.