ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Otros desastres, otras respuestas

6 de octubre de 2013

Hace 279 años la ciudad de Guadalajara, en términos actuales, se hallaba en situación de desastre a causa de los fenómenos naturales que suelen asolar al territorio por esta época. Tormentas eléctricas, lluvias torrenciales, inundaciones y epidemias, pérdida de cultivos, desbordamiento de ríos, numerosos decesos. Seguramente canales de baja presión y ciclones por el Pacífico se conjugaron para hacer especialmente destructivo el temporal de aquel año.

 

Guadalajara era entonces una ciudad pequeña de apenas 30 mil habitantes, de calles de tierra y sólo algunas empedradas; del Río de San Juan de Dios a la actual Avenida Federalismo, y entre el Río del Carrizal, hoy Avenida de La Paz, y la calle de Garibaldi, antes de San Diego, las tempestades formaban grandes charcos pues la ciudad carecía de drenaje, y se atenía solamente a las pendientes que conducían el agua de las lluvias hacia la hoy Calzada Independencia. Tampoco existían pararrayos, aún no se inventaban, ni mucho menos antibióticos, Cruz Roja, Protección Civil, o ayudas solidarias que vinieran de otras regiones.

 

La emergencia y el desastre produjeron la reacción positiva, el empeño por sobrevivir, reconstruir, mejorar las condiciones y apostarle al futuro con acciones concretas que mostraron a la gente talentosa de aquellos años. Esta respuesta incluyó igualmente el apelo a sus valores espirituales expresados en los símbolos que desde 200 años atrás se venían construyendo culturalmente, símbolos que integraban a la comunidad, afirmaban sus expectativas, le daban certeza en la vida y en el tiempo, alentando su capacidad creativa.

 

Fue en esta dinámica que la comunidad tapatía por medio de sus autoridades civiles y eclesiásticas solicitó se trajera a la ciudad justamente el símbolo que para esos años ya era el más aquilatado, la imagen de la Virgen de Zapopan, que estuvo en Guadalajara del mes de agosto al mes de noviembre de 1734. Su regreso, hacia el 10 de noviembre constituyó la primera “Llevada de la Virgen”, marcando el inicio de una tradición anual que se ha mantenido hasta el presente.

 

Este acto ritual y social de acompañar el regreso de la imagen mariana consolidó el camino de los Colomos y sus antiguos puentes, lo mismo que la vía alterna de Mezquitán-Atemajac-Zoquipan, hasta que el gobernador Jesús González Gallo mandó construir la actual avenida Ávila Camacho justo para ofrecerle a la romería el espacio que había llegado a requerir ya para aquellos años. La avenida se inauguró con la Romería del 12 de octubre de 1953 que por esa única ocasión se desarrolló por la tarde. Era también la primera vez que tenía lugar en esa fecha, ya que hasta el año anterior la llevada de la Virgen se tenía el 5 de octubre, como marcaba la norma establecida a mediados del siglo XVIII.

 

La ciudad y su gente se han transformado de manera bastante sensible a lo largo de estos 279 años; las casas, las calles, las modas, los estilos de vida, el mismo crecimiento urbano, en su constate evolución, es algo que puede apreciarse, como un corte arqueológico, a lo largo de esta ruta procesional, de un Centro Histórico a otro, del barroco al minimalismo, de la modernidad a la postmodernidad, pero la tradición de llevar a la Virgen el día que regresa a Zapopan se mantiene, y de muchas formas mantiene la identidad tapatía.