ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Pakistanizando

25 de enero de 2009

Ningún país se merece el ser usado peyorativamente para desprestigiar a otro. Sin embargo, esa tendencia es antigua, ya en el virreinato de la Nueva España se hablaba de los “afrancesados”, y en el lenguaje coloquial se sigue juzgando a los braceros de “agringados” cuando pretenden vivir aquí como habían vivido allá. En años más recientes el asunto se retomó a propósito de Colombia y su larga historia de inseguridad, guerrillas y narcotráfico en un ambiente complejo de complicidades, reales o aparentes, entre la delincuencia y el Gobierno, y por lo menos de algunos de sus miembros; de ahí que a todo país que pareciera seguir por esa senda se le empezó a tachar de colombianizado. Adjetivizar países no es, sin embargo, tarea fácil, así se antoje hacerlo por sus estilos o problemas; importa mucho el nombre y aún el más osado tendrá problemas cuando quiera adjetivizar países como Haití o Timbuktu.

 

Importa también conocer el origen de la adjetivación, y sobre todo el propósito. Que México se esté pakistanizando, como afirmó un conocido personaje hace algunos días, nos pone ante el reto de averiguar qué es lo que está pasando en aquel lejano país asiático, que a juicio de algunos, nos asemeja a él; situación que ya de entrada nos lleva a preguntarnos si no habría sido más fácil compararnos con un país menos exótico y más cercano a nosotros. También convendría saber si tal comparación es más bien una invitación a que México haga lo que hacen los paquistaníes, es decir, armar secuestros y balaceras en hoteles de lujo de países vecinos para reivindicar pendientes históricos.

 

El trasfondo de la estrambótica declaración es por otro lado el asunto del narcotráfico y la inseguridad que le sigue, le acompaña y le antecede, y que efectivamente deja en México una cantidad de asesinatos por año mucho mayor al que genera la mafia italiana en décadas, situación que no se daría si los vecinos del Norte en primer lugar, dejaran de ser el primer mercado mundial de consumo de drogas, el primer surtidor de todo el armamento que utiliza la delincuencia pakistanizada, y el mayor lavadero de los beneficios que este sucio negocio deja lo mismo a los pakistanizados que a los no pakistanizados.

 

Ya entrados en materia, tenemos que recordar que sigue como gran pendiente de los pakistanizadores explicar no solamente de dónde llega la droga a su país, sino cómo es que se distribuye allende sus fronteras, y sigue viento en popa, sin que ello suponga autonegarse la certificación que ellos hacen a otros países en materia de lucha contra el narcotráfico.

 

En cuanto al propósito de tales declaraciones, habría que pensar que las hacen por ayudarnos, para ponernos en alerta, para despertar en nosotros el interés por conocer más acerca de Pakistán, y que no deberíamos preocuparnos tanto, a no ser que evolucionemos de tal modo que además de pakistanizarnos, también nos iraquicemos, y ya sabemos lo que le ocurre a un país que llega a tales extremos.