ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Patriotismo?

15 de septiembre de 2016

En los países que han alcanzado un desarrollo integral más notable, el patriotismo no es tanto una emoción avivada por la memoria del pasado, cuanto un compromiso con el presente alentado por resultados concretos y evaluables; patriotismo es estar creando una nación cuya economía puede pagar un salario mínimo que va de los 520 a los 936 pesos por jornada, y ofrecer bienes y servicios de notable calidad a la ciudadanía que compensan ampliamente su carga tributaria.

 

En otras sociedades, como la nuestra, coinciden por lo menos dos tipos de patriotismo, el popular que le apuesta a celebrar lo que se es del modo que ello sea, no con ocasión, sino so pretexto de acontecimientos históricos míticamente valorados, medianamente conocidos, pero que dan rienda suelta a una especie de parranda identitaria asumida, no necesariamente de manera racional, donde los sentidos tienen la primacía, y la realidad presente se diluye. El otro patriotismo es el ilustrado, que siente un profundo orgullo por la historia, por el pasado glorioso de la patria que conoce y aprecia, pero de ahí no sale, vivir y revivir las glorias del pasado es como una venda que les ahorra la visión de un presente en blanco y negro que nadie quiere cambiar.

 

El patriotismo cívico de las naciones desarrolladas, sin desconocer sus raíces históricas, construye un modelo real de lo que se quiere ser, no una entelequia metafísica; por lo mismo su gloria reposa sobre las acciones que cumple aquí y ahora y cuyos resultados están a la vista de los ojos, no de la imaginación. Es un patriotismo enérgico, a flor de piel, unánime, porque se está edificando cada día; ahí no hay discursos acerca del “México que queremos o merecemos ser” sino del país que ya se es y se sigue haciendo con resultados bastante efectivos que realmente benefician la vida concreta de las personas, no en el futuro posible, sino en el hoy verificable.

 

México sigue celebrando sus fiestas “patrias” entre lo popular y lo ilustrado, en un escenario complejo, con una reforma energética y hacendaria exclusivamente preocupadas por obtener más recursos, no en revisar, modificar, concursar y transparentar el uso que de ellos se hace, ni mucho menos obtenerlos de quienes nunca los han aportado, una reforma educativa contestada donde derechos y deberes se mezclan y confunden, bombardeada la sociedad por anuncios partidistas tan demagógicos y anacrónicos como el manido lema de que “el petróleo es nuestro”, cuando en realidad nunca lo ha sido, o que la reforma hacendaria es de beneficio “social”, siendo que golpea tan sensiblemente la economía del trabajador cautivo.

 

Las fiestas patrias en este contexto, tienen mucho de fiesta, pero nada de patria, si por patria entendemos la experiencia de estar realmente construyendo un país que mejora continuamente, contribuyendo al fortalecimiento de una economía incluyente, de una productividad competitiva, en condiciones de certeza y seguridad para todos, organizados para depurar la función pública, logrando una gestión efectiva de la civilidad que nos compromete a todos.