ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Plagas centroamericanas

5 de diciembre de 2010

Tierra estrecha, selvática y montañosa, en medio de dos océanos, Centroamérica ha sido a lo largo de su historia el espacio de abundantes plagas. La primera de ellas la privó en los años prehistóricos de metales preciosos y de petróleo; su clima siempre cálido ahuyentó las grandes concentraciones humanas convirtiéndola en el manglar sudoroso y epidémico que separaba los emporios virreinales de México y Colombia.

 

La independencia de repercusión que vivió el territorio trajo plagas todavía más devastadoras: la usurpación de estos pueblos primero por parte de los criollos, enseguida la explosión de la demagogia mestiza, endriago de discursos exaltados, emotivos, y patéticos, caldo en que permanentemente se han cultivado innumerables gobernantes dispuestos a vender la patria para aumentar el personal patrimonio, y, lógicamente, la plaga de los compradores, a la cabeza de todos, Estados Unidos, que ya desde el siglo XIX advirtió el potencial estratégico de esa franja geográfica que une a las dos Américas.

 

La plaga de la ignorancia ha sido permanente, mantenerla viva por encima de los esfuerzos aparentes por erradicarla, ha sido una estrategia política de impecable manejo. Y como si esto no bastara, el cristianismo de franquicia comercial norteamericana ha promovido cuantas marcas le ha sido posible dividiendo todavía más a los pueblos y hundiéndolos en una alienación lastimosa bajo el grito de aleluyas pronunciados con “ei”.

 

Vino luego la expansión soviética con su paraíso a cuestas, promesa que supuso convertir este purgatorio centroamericano en un infierno de muchos años, posponiendo una vez más las condiciones reales de un verdadero crecimiento y desarrollo.

 

La plaga más reciente ha sido el narcotráfico y el consumo de enervantes con su mundo de violencia, de cárteles y bandas delincuenciales, de ambiciones desatadas y territorios fragmentados, oportunidad ideal para dar a los gobiernos locales y a los extranjeros el pretexto perfecto para seguir matando gente; primero los hacen delincuentes y luego los asesinan como un servicio a la sociedad.

 

Es sorprendente que a pesar de esta larga historia de marginación y opresión sobreviva la gente y siga produciendo propuestas positivas, trabajo esforzado, nobleza, y una fuerte conciencia social difícil de hallar en muchas partes de México. Sin duda han sabido aprender de su historia y del sinnúmero de mártires que sus luchas democráticas y sociales han generado.