ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Policías falsificados

1 de junio de 2014

Un billete falsificado es aquel que carece del valor que representa. En días pasados la Policía Federal capturó a una banda de falsificadores de billetes en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Habida cuenta de que policías tapatíos estaban involucrados en el delito, la operación se llevó a cabo sin dar aviso a las respectivas autoridades locales.

 

Pretender que el jefe de la policía supiera que elementos de su corporación andaban implicados en el ilícito es hasta cierto punto ingenuo. Si los padres de familia con habitual frecuencia no saben lo que hacen ni sus propios hijos, pensar que un alto mando esté al tanto de cuánto ocurre entre sus elementos sería suponer que éstos van y se lo dicen con arrebatadora sinceridad, o que el propio jefe les da permiso, pero sin abusar, o que los sofisticados sistemas de inteligencia tapatía no solamente detectan a los malandrines que andan sueltos, sino incluso a los uniformados.

 

Cuando uno se detiene a considerar las elevadas cifras de la delincuencia local y nacional, la implicación constante de las corporaciones policiacas, aún del mismo ejército de tierra que ha hecho acudir en busca de la Marina, la habitual colusión de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial que ha llevado a la destitución de alcaldes y jueces, y al encarcelamiento de los exgobernadores que se ha podido, se acaba por pensar que el problema de fondo radica en la sociedad misma y el colosal fracaso no de los sistemas de seguridad, o del aparato legislativo, sino sobre todo el fracaso del sistema educativo que no ha logrado formar mejores ciudadanos pero sí los está preparando para competir denodadamente en el maratón de la delincuencia con o sin uniforme, ilegal o legal, organizada o desorganizada. Si los futuros profesores del país siguen tomando casetas para exigir cuotas a los conductores, o paralizando las universidades, si tantos de los así llamados maestros lo son pero del vandalismo y la anarquía, y los mandos de la educación superior suelen ser el pantano de las grillas, los fraudes, las muchas plantas de tiempo completo para un solo individuo y sabrá Dios cuántas cosas más ¿Qué podíamos esperar de los resultados?

 

La mercadotecnia actual no deja de alentar el consumo, la realidad económica del país incrementa la voracidad, y la escuela ha renunciado a educar, lo que sigue es que cada quién donde sea que se encuentre busque la forma de adquirir cuánto le venga en gana sin el menor escrúpulo, ya que éstos sólo existen cuando la persona tiene principios y valores. La solución a una sociedad decidida a manejarse por la libre es el imperio de la ley, pero como la justicia se haya copada por la impunidad, la violencia se vuelve un carnaval.

 

Al clásico “sálvese quien pueda” del momento presente le ha antecedido por años “el que no transa no avanza”, ninguna sorpresa pues que en nuestro país casi todo, hoy día, se halle falsificado, toda vez que partidos, instituciones, poderes, organismos públicos y privados, códigos, procesos, discursos y declaraciones, carecen del valor que representan.