ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Políticos visionarios

4 de julio de 2010

Para el enorme contingente de jóvenes que en los próximos 3 años llegarán a la mayoría de edad obteniendo el derecho a votar, la política les produce por lo menos una de 3 reacciones. Para muchos es algo ajeno y distante, un mundo extraño reducido a la casta de los dirigentes y sus beneficiarios, en el cual, además, no quieren incursionar, ni como políticos ni como ciudadanos. Para otros representa la posibilidad del enriquecimiento a mediano o corto plazo “si se saben mover”, a cambio de un trabajo más mediático que de servicio, estimulado por la sensación de poder y mando aunque no sepan mandar e ignoren la función social del poder. Ya casi para nadie el ejercicio de la política es visto como una vocación orientada al progreso de la comunidad en todos los órdenes.

 

Es lugar común afirmar que los personajes públicos son el reflejo de la sociedad que los produce, por lo mismo resulta claro que una sociedad pragmática privada de ideales, de altruismo, individualista y alienada con respecto a la comunidad, genere un concepto del ejercicio público limitado por esta visión. Para ya varias generaciones de jóvenes mexicanos ese ha sido el único escenario visible.

 

Sin embargo es necesario advertir que esos mismos jóvenes se benefician todavía de las obras llevadas a cabo por políticos visionarios que se fraguaron en otros moldes sociales y demostraron la calidad de los mismos en el tipo de bienes que originaron. Se requería tener una visión de mucho futuro para haber plantado un bosque en las inmediaciones de Guadalajara por más que los grupos electoreros no se produjeran en la corta duración de un periodo de gobierno, me refiero al joven Bosque de los Colomos, que creció donde otrora solamente había un yermo. Con la misma visión hubo quienes sin haberlo plantado dedicaron recursos a protegerlo por más que no se les atribuyera la gloria de haber tenido la idea original. Esa política visionaria explica la apertura de la avenida del Federalismo, no sin confrontaciones sociales ni costo político, así como la inteligente previsión de un tren eléctrico subterráneo planeado en etapa sucesiva, que hoy conecta a miles de personas de Periférico a Periférico, y serviría a muchos más si las administraciones subsiguientes no les hubiesen privado de las rutas alimentadoras. Este mismo espíritu reluce espléndido en la creación de la avenida Lázaro Cárdenas o en la construcción de la Línea 2 del Tren Ligero, que une el Oriente tapatío con el centro de la ciudad en cuestión de minutos y sin necesidad de obstruir más el tráfico y disparar la contaminación como lo ha hecho el Macrobús.

 

Debe la sociedad apostar nuevamente al desarrollo de una cultura capaz de generar políticos visionarios como los que ciertamente hemos tenido. En este empeño los jóvenes tienen la palabra.