ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Presa de Tacotán

8 de junio de 2014

En las cercanías de Unión de Tula, Jalisco, a mil 345 metros sobre el nivel del mar, el río Ayuquila da vida desde 1960 a una hermosa presa llamada Tacotán. Paraje de singular belleza, rodeado de colinas y serranías, la presa ha sido a lo largo de todos estos años un recurso importante para la agricultura y la generación de electricidad, también para la pesca y el disfrute de la naturaleza.

 

La gente del rumbo es amable y hospitalaria, quizás por eso una familia de aquella tierra debió sufrir la desaparición de su hija. La buscaron por todas partes, pidieron ayuda, acudieron a las autoridades, pensaron que se trataría de un secuestro, esperaban con ansiedad una llamada telefónica, un aviso, una señal que les diera esperanza. El aviso llegó, que la buscaran en un cierto punto de la presa Tacotán.

 

La cortina de la presa Tacotán tiene una altura de 68 metros, con longitud de 491. El ancho de la corona es de diez metros y su capacidad de almacenamiento llega a los 145.240 millones de metros cúbicos. El área de la cuenca es de mil 167 kilómetros cuadrados. Fue necesario contratar los servicios de buzos que se sumergieran en esas vastedades a buscar el cadáver de la infortunada joven. A poco de la pesquisa salió uno de ellos con una pregunta alarmante: ¿Y cómo la reconozco? Es que hay más de diez cadáveres.

 

Los pueblos y rancherías de arriba y de abajo de Autlán están ya acostumbrados a mirar las caravanas de lujosas camionetas blindadas que pasan a cualquier hora antes o después de los convoyes del ejército. Unos y otros se internan lo mismo en barrancas que altiplanos. Pareciera que tienen permiso para el trasiego de mercancías, y de ser así, quienes otorgan tales concesiones piensan que sólo a eso se dedicarán, hasta que de pronto ocurren hechos que muestran como la población civil acaba siempre pagando el alto precio de dichas hipotéticas concesiones o acuerdos, sea por la corrupción de sus hijos que por el secuestro, perversión o muerte de sus hijas.

 

Que están bien organizados, que son todos pertenecientes a una única organización delincuencial, que en cada pueblo tienen un jefe de plaza, que éste dura en el cargo dos o tres años, después de lo cual o huye o lo matan porque a esas alturas ya es mucho lo que debe. Que es admirable su disciplina, su capacidad de administración territorial, de la mejor calidad su equipamiento, y con un ejercicio de la justicia verdaderamente pronto y expedito, a tenor, claro, de sus propias normas. Que cada vez será más difícil ser alcalde, porque o lo matan los cárteles o lo capturan los federales, haya o no haya habido acuerdos previos, que la gente está entre la espada y la pared, que los gobiernos estatales y el federal dan la impresión de estar combatiendo entre sí, que a como van las cosas los paisajes rurales sólo serán seguros en tarjetas postales.