ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Previsiones calculadas

29 de septiembre de 2013

El mundo de la política es complejo y con frecuencia, indescifrable. ¿Se puede a la vez gravar la renta y la hipoteca? Un gran porcentaje de la población paga renta para poder vivir en una casa, ahora que deberá pagar un impuesto adicional, podría decidirse a contratar una hipoteca para tener finalmente una propiedad, sólo que igualmente deberá añadirle el costo del nuevo impuesto en vías de aprobarse. Es previsible que en ninguno de los dos casos el inquilino o el comprador paguen ese aumento de manera evidente, lo pagarán en el aumento que alquileres e hipotecas tendrán en consecuencia. Era previsible que no habría escape.

 

No todas las empresas han pagado a sus empleados todas las prestaciones posibles, pero ahora, aun las que se esforzaban en hacerlo deberán pensarlo dos veces; lo más adecuado será aportar directamente al salario lo que se daba en prestaciones y que cada asalariado decida si de su bolsillo conserva tales o cuales apoyos, sabiendo de antemano que pagará por ello el impuesto sobre la renta que corresponda. Es previsible que en primera instancia recibir un poco más de dinero efectivo obnubile cualquier otro pendiente en torno al futuro mediato, no otra cosa que el viejo principio de “pan para hoy, hambre para mañana”.

 

Los autores de la reforma deberán haber previsto también golpeteos, marchas, manifestaciones y cosas por el estilo que tienen sin embargo fecha de caducidad, es difícil vivir de plantonista. Igual previsión hicieron muy de antemano cuando se firmó el “Pacto por México” que comprometía a todos los partidos en un proyecto de gobierno de coalición de facto, amparado en el ideal de hacer funcionar al país de acuerdo a las reglas que hoy día se acuerdan más allá de nuestras fronteras.

 

Esas reglas estaban fijadas desde el momento en que el Gobierno de Carlos Salinas firmó el TLC, y claro, desde el momento en que México ingresó a la OMC, a condición de fortalecer en nuestro país el sistema económico impulsado por Estados Unidos, donde las micro, pequeñas y aún medianas empresas son más un defecto del sistema que una alternativa de producción, esquema que presionó la paulatina anulación de la pequeña propiedad agrícola, incluido el ejido, para dar paso a los mega cultivos que exigen alta tecnología y maquinaria de última generación. En apego estricto a la lógica del sistema hay que impulsar el “mega” a la inversión, la empresa, la productividad y el consumo, vengan de donde vengan, y el “micro” a los grandes dueños del capital.

 

Desde luego, dentro de esta lógica neo capitalista, algún día el título “mega rico” se aplicará también a la mayor parte de la población, pero ese ideal suena tan ilusorio como lo fue en el sistema marxista el “paraíso de los trabajadores”.

 

Reformar el sistema económico debería ser entonces la propuesta de México, no necesariamente en el sentido de sustituir o escapar del capitalismo neo liberal, pero sí aplicar con inteligencia las adecuaciones necesarias para aminorar el costo social, en vez de seguir imponiéndolo con la lógica férrea del principiante, cosa que por cierto nadie hace en el mundo desarrollado.