ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Profesionalizar el magisterio

19 de mayo de 2013

Los profesores y los policías deberían ser los servidores públicos mejor pagados en nuestra sociedad, ya que su tarea es de enorme trascendencia para el desarrollo y el crecimiento de un país.

 

El sector magisterial contribuye junto con la familia y el conglomerado social a la transformación de la creatura humana en ciudadano de un mundo civilizado, capacitado para seguir generando conocimiento, hábil para aplicar la teoría a favor del progreso, y satisfacer la común aspiración por un estilo de vida cada vez más digno, con abundancia de oportunidades para todas las personas, y garantías de eficiencia en el difícil arte de vivir en comunidad.

 

La UNESCO hace algunos años establecía los cuatro elementos que todo egresado de un proceso educativo debería mostrar: conocimientos teóricos pertinentes a su grado, habilidades prácticas para poner en ejecución dichos conocimientos, actitudes que sostuvieran el esfuerzo profesional, y valores que garantizaran la honestidad del servicio prestado por un profesional. Cabe suponer que estos frutos que se exigen de un egresado, se exigen en primer y principal lugar de los propios profesores, pues el magisterio se ejerce no solamente desde la cátedra, sino sobre todo desde el propio estilo de vida, éste, más que cualquier otra cosa, demuestra que la enseñanza que se ofrece ha dado fruto en quien la imparte, por la calidad humana del profesor, por su espíritu de servicio, pero también por el éxito profesional que ha tenido y los valores que lo acompañan.

 

Este nivel de vocación educativa, este concepto actual y global del magisterio es algo que algunos normalistas y profesores no acaban de entender, su lucha es por las plazas automáticas y las hereditarias, por la impunidad frente al fracaso profesional, y el solapamiento de la mediocridad pedagógica y la falta de educación continua; la toma de casetas y autopistas no es para exigir una mejor preparación, ni para abogar por exámenes de promoción honestos y objetivos, no les preocupa crecer como personas ni como profesionistas, sus miras suelen ubicarse por debajo de lo horizontal. Algunos de estos “profesores”, por fortuna muy pocos y muy focalizados en los estados más rezagados del país, preferirían más bien cursos de capacitación en guerrilla urbana, en el uso de instrumentos contundentes o punzo cortantes, técnicas actuales para el asalto de edificios públicos y privados, estrategias para enfrentar cordones policiacos, montaje rápido de bloqueos carreteros, destrucción efectiva del mobiliario urbano y desde luego, un cursillo breve y fácil de entender para seguir medrando en la impunidad.

 

 

En los tiempos que corren la competencia se juega en el campo de la calidad y la eficiencia, acompañada de actitudes y valores, es una competencia global, integral, de la que ninguna persona ni institución puede hoy día excluirse a riesgo de quedar justamente excluida de la vida real en el mundo real. El magisterio mexicano debe recorren un camino todavía muy largo para advertir en primer lugar que la anterior mitificación del profesor, que lo hizo tan respetable como inamovible, se ha ya desvanecido de la percepción social, que hoy día nadie puede seguir siendo alguien por el simple hecho de haberlo sido en el pasado.