ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Receso electoral

19 de febrero de 2012

Durante buena parte del presente mes podrá descansar la ciudadanía de la turbulencia mediática que genera el proceso electoral. Quienes establecieron así los periodos revelan un fondo de compasión y solidaridad para con los habitantes de este país, si bien este receso, tregua, suspensión de hostilidades, brecha, descanso, recreo, o engañosa calma, debe ser empleado para recapacitar en varios asuntos que ya las precampañas han de nueva cuenta evidenciado.

 

La repetición es la primera cuestión que se aprecia, los mismos discursos, el mismo afán de vender promesas y compromisos, la agresión calculada de todos contra todos, los mismos gestos dramáticos, la oratoria gastada, las turbas contratadas aplaudiendo, aunque como en el Estado de Guerrero, deban luego ir a parar al sanatorio, porque las tortas-pago estaban en mal estado. La proliferación de carteles, mantas y banderines, los candidatos besando ancianitos y criaturas que luego jamás volverán a ver, las parvadas de asesores tomando o dando notas, los guaruras con traje y resortes en las orejas, viendo para todos lados.

 

La repetición de las entrevistas en los medios de comunicación donde aún los periodistas más críticos acaban haciéndoles el juego a los candidatos, diálogos agudos que son promocionales, esgrimas de toda suerte para averiguar si el entrevistado sabe el precio del jitomate o si pasó de panzazo la primaria.

 

La hiriente y repetitiva costumbre de aprovechar los dramas sociales, las dolencias humanas, las justas expectativas de la gente, los problemas cotidianos o extraordinarios, como plataforma de lanzamiento; hiriente y perversa costumbre particularmente cuando  constatamos que muchos de esos mismos candidatos ya fueron previamente funcionarios y no resolvieron nada de lo que afirman ahora sí van a solucionar, sin tener ni la más remota idea de cómo  lograrlo, promesas al fin.

 

La reedición más lamentable sin embargo es nuestra misma actitud como ciudadanos, casi la mitad o más, ajenos por completo a lo que ocurra con el pretexto de que de todos modos las cosas seguirán igual. La reedición de muchos otros que sí están participando pero no por ideales democráticos, sino por intereses pragmáticos, porque se van a beneficiar si éste o aquél gana, porque asegurarán un empleo por tres o seis años, o se les abrirán nichos de mercado y oportunidades de negocio.

 

Cuando todavía el ideal de la vida era lograr ser una persona humana de calidad, la “repetición” era vista como la puerta amplia de la mediocridad y la decadencia. Repetirse era una forma de negarse la posibilidad de crear, de inventarse a sí mismo con audacia y señorío. Como bien lo exponía Kirkegaard en su teoría sobre la existencia valiosa, repetirse es una forma de aniquilarse, de darse por muerto. Hoy que lo importante es comer y divertirse, la repetición acaba siendo la manera fácil y cómoda de lograrlo, sólo que la repetición en política degrada lo mismo al político que al ciudadano.