ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Recuerdos del 2010

Panorama

Guadalajara es una ciudad que vive en varios municipios, pero es con dos de ellos con los cuales ha entablado históricamente una relación profunda e interdependiente. Fueron en su origen pueblos indios Zapopan y Tlaquepaque, y con el pasar de los años la ciudad española tapatía buscó en uno la clave de su arraigo en el tiempo ye el espacio de estas nuevas tierras americanas, y en el otro, el espacio del descanso y del deleite. Zapopan adquirió entonces un perfil de profundidad y de misterio, de amparo y protección. San Pedro será el lugar de las villas veraniegas y el escaparate de las artes cerámicas. Tonalá fue ocupada apenas ayer, y esta mañana ya tenía la ciudad sus emblemas en Tlajomulco y Juanacatlán. Mancha urbana le llaman los pesimistas a esta expansión citadina, bosque urbano sería mejor, y que sus habitantes decidan si lo convierten en jungla o en borrón. Del modo que sea, Guadalajara es más que sus municipios, y aunque oficialmente se habla de dos ciudades vecinas, Guadalajara y Zapopan, en la percepción de la gente, se trata de una sola y misma ciudad.

No era por cierto la primera vez que esto ocurría, ya a lo largo del siglo XIX Guadalajara incorporó de buena gana y sin mala intención los pueblos indios de Mexicaltzingo, Analco y Mezquitán, en ese orden, como ha ido incluyendo tantos otros más a lo largo del siglo XX, crecimiento y ocupación que ha supuesto la extensión de una intrincada urdimbre de ductos que son lo mismo calles que tubos múltiples y redes infinitas de alambres, para que la gente conserve la posibilidad de seguirse comunicando, proveyendo y desaguando.

En esta urdimbre de recursos físicos se va tejiendo la urdimbre todavía más compleja de los millones de vidas que se van desarrollando en el horizonte tapatío. En cierto modo los noticieros televisivos nos ofrecen un florilegio de algunas de estas gentes, pues ahí suelen aparecer eventualmente los tapatíos empeñados en la mejora de su ciudad, recibiendo premios o haciendo denuncias, marchas y protestas; también aparecen los tapatíos dedicados al lucrativo pero tristemente desprestigiado negocio de la política, que ya podrían sin mayor requisito formar parte de las notas rojas de cada día, siempre llenas de las excepciones de la conducta ciudadana: maltrato familiar, que significa mujeres golpeadas y rarísima vez hombres golpeados por sus mujeres, descuido o maltrato de niños, detención de ladrones y ladronzuelos a los que apenas habían soltado ayer, despachadores al menudeo de drogas, pleitos callejeros de pandillas o hasta vecinos, así como las últimas noticias de los muchos frentes que ha supuesto la guerra al narcotráfico. También es la pasarela de los artistas y por ende de los gustos ciudadanos en lo que se refiere a espectáculos y diversiones, y a la hora de ver a tantas gentes desfilando por tantas razones diversas, conocemos también la diversidad de los vestuarios, de los usos actuales de ornamentar el cuerpo o convertirlo en una extensión de las bardas grafiteadas citadinas, de las clases sociales inconmovibles y cada vez más cerradas, altivas y ostentosas las llamadas altas; al borde de la desesperación las marginales, con frecuencia expresadas en mujeres con delantal, muchachos con sudaderas o camisetas en pantalones de mezclilla, con toda la variedad posible de cortes de pelo, rastras, trenzas, o rapados con o sin surcos, señores obesos de la segunda edad, de cabello descuidado, con o sin tejana, en o fuera de juicio, en escenografías marginales de calles de tierra, o empedradas entre baches, casas sin enjarrar, antenas chuecas de televisión, perros a granel y asquerosos camiones urbanos ladeándose como góndolas y contaminando más el aire.

Aunque Guadalajara es una sola gran ciudad, son muchos y diversos sus núcleos culturales y sociales; ciudad hoy más que nunca de inmigrantes cada vez de más lejos, de población flotante por todo tipo de razones, de una tercera edad que vive azorada si se asoma y aislada si se queda en casa, de una muchedumbre de niños y adolescentes que saben en donde viven pero no de donde son ni a donde pertenecen. Ciudad de cotos residenciales, extraplanetarios, que quisieran tener su aeropuerto propio para no tener que pasar por la urbe en la que decidieron vivir sin convivir, a la hora en que se van a Houston o a Cancún, a las Vegas o a San Francisco. Pero igualmente ciudad que cuenta todavía con innumerables contingentes de tapatíos altruistas, empeñados por rescatar entero su hábitat histórico y cultural, solidarios sociales, activistas en cuestiones ecológicas, antropológicas, políticas, sociales, económicas, juveniles, de grupos minoritarios, urbanistas, defensores del lenguaje, de la lectura, de las diversas edades del ser humano, así como toda su gente que trabaja día tras día para mantener viva y dinámica esta ciudad.

El 2010

Comenzó el 2010 con cambio de partido político en la alcaldía de Guadalajara, ahora de nuevo con un dirigente emanado del PRI. Pasó un año y en la percepción ciudadana no se ha todavía advertido la ventaja del cambio, sino apenas un aceleramiento final que incluyó sustitución de funcionarios por graves acusaciones probadas, una campaña de “papeleras” puestas hasta donde ni hacen falta ni hay garantía de su conservación; de hecho, muchas son ya parte de la basura que se acumula en esquinas de barrios y colonias. Un acierto fue en cambio no hacer, es decir, se tomó la atinada decisión de no aceptar el proyecto de Macrobús en su paso por el centro histórico, al menos como parecía se pretendía, y por la experiencia obtenida de esta solución en la calzada Independencia.

No obstante la vialidad permanece caótica debido a tres factores fundamentales: la conducta irresponsable y salvaje de conductores y peatones, lo mismo conductores del transporte público que particulares. La falta de adecuación de las vías de comunicación a las necesidades ciudadanas y el deterioro de las existentes. Y la oferta extrema de autos que han convertido a Guadalajara en un estacionamiento.
Guadalajara estrenaba por esos primeros días del año nuevas banquetas y calles remozadas en el centro histórico, trabajo bastante bueno e integral, pero con falta de acabados, inconcluso en muchas partes, y que en el transcurso del año se fue deteriorando de manera lastimosa por la falta de mantenimiento y la brutalidad de los ciudadanos.

Todo el año fue de sustos y sobresaltos por el incremento de la violencia en la ciudad, donde la delincuencia organizada y la desorganizada ha hecho de las suyas por todos los rumbos de la gran metrópoli: botamiento de chapas a plena luz del día, asaltos con o sin arma, robos a negocios cotidianamente, fraudes telefónicos, fraudes a tarjetas de crédito clonadas o copiadas, narcotización de personas en camiones y bares, robos millonarios por parte de funcionarios públicos de los tres órdenes del poder, impunidad de todos los días, balaceras, decapitados, secuestros, aumento de plazas para la policía privada, descarada venta de drogas por dondequiera, colusión de la policía muchas veces, ineptitud de los mandos, choques entre ellos, pasto abundante para las medios de comunicación, con la novedad de que las tragedias que en Guadalajara pasan no son objeto de los noticieros nacionales.
Por si esto no bastara, nuestra máxima casa de estudios se empeñó en mostrar su lado más oscuro por las razones más corrientes: dinero, dinero y más dinero a como de lugar y por medio de los argumentos que sean, para lo cual se valió también de los medios que fueran: sacar a los estudiantes de sus aulas para hacer manifestaciones callejeras del más diverso tono, montones de muchachos pidiéndole dinero a “Emilio”, porque eso les dijeron que debían hacer sus manipuladores, que no sus educadores; acarreo de masa por tanto, como en los tiempos de las demagogias caciquiles y sindicales, bloqueo de calles y amenazas de mayores agravios no a Emilio, que vive y trabaja en su casa, sino a la gente, a los ciudadanos, gracias a cuyos impuestos la universidad tiene lo que tiene aunque no le ajuste. Pero si le ajustó para pagar a alto precio un sinfín de comerciales en todos los medios para justificar su agresión a la sociedad y su necesidad de recursos, porque son precisamente ellos, los que no están dispuestos a hacer lo que hace todo mundo en una crisis, apretarse el cinturón, ellos más bien se lo amplían porque el dinero que reciben no les cuesta. Por supuesto que el gobierno de inmediato le abrió a la llave de nuestros recursos para pagar también comerciales de respuesta. Al final, se cansaron unos y otros del sainete, de los ridículos en que incurrieron, de las exhibidas que se dieron, se tomaron la foto, y todo como si nada. Por supuesto que la muchachada manifestante ni fue tomada en cuenta, ni le importaba serlo, a la hora de las negociaciones, ellos disfrutaron de la vacación callejera, se desahogaron un rato, y nada más.

El Congreso estatal es otra postal del recuerdo. Es una nueva legislatura pero no se advierte mucho en que esté su novedad. Todo parece indicar que los diputados electos llenan con excelencia el perfil requerido para desempeñar el cargo: ineptitud, incongruencia, inmoralidad cínica, lujos ostentosos, entorpecimiento del tráfico a lo hora que entran o salen, por la calle de Hidalgo como por la de Independencia, a leer tartamudeando desde la tribuna; a dar declaraciones tanto más acaloradas cuanto más inútiles; a empujar iniciativas de ley que nadie les ha pedido y mantener sepultadas las que si se les han exigido; a crear cortinas de humo para ocultar sus derroches y su inutilidad, y cerrar el año pidiendo prestado para pagar a sus mil doscientos empleados, nada menos que a los nuevos ricachones de Jalisco, es decir, el Sindicato de la UdG, que sí desde el principio hubiesen mostrado su capacidad financiera, les hubieran ahorrado muchas marchas y ridiculeces a los muchachos de la misma UdG, y encima de los ofensivos sueldos que se auto otorgan, exigencia de más y más dinero para seguirse manejando como si fuésemos una potencia mundial. Ellos sí que se dedican a administrar la abundancia, en una ciudad y en un estado con tantas carencias y tantos miles de gentes en condiciones de miseria.

Como cada año, el temporal de lluvias, o el tiempo de aguas, como por acá se dice, llegó puntualmente en junio y dejó caer aguaceros y tormentas como hacía bastantes años no ocurría, dijeron los entendidos que un temporal así, no se presentaba desde hacía cuarenta años; fenómeno generalizado en todo el país que llenó a rebosar presas, lagos, lagunas, y también calles, avenidas, colonias, casas y centros comerciales, como de costumbre Plaza del Sol y la avenida Dr. R. Michel, más nuevas zonas primerizas. Además de todos los beneficios que con el agua vienen, la ciudad tuvo también sus maleficios, no por el agua en sí misma sino por la pésima calidad de los pavimentos y de los servicios de electricidad, drenaje, semáforos y conexos. A fines de septiembre, el día 27, para ser exactos, de manera contundente e inesperada, dejó de llover, y en octubre no se supo más de aguaceros, como los ha sólido siempre haber a manera de despedida del temporal. Comenzó entonces el aguacero de las propuestas para la reparación de las calles y es hora, entrado ya el 2011, que no se va claro, por lo cual la ciudad parece como bombardeada.

Otro asunto citadino y estatal fue el tema del género. De la bulla general que desató Jalisco a nivel nacional quedaron las frases del recuerdo: el “asquito” del señor gobernador y el maiceamiento como deporte nacional, termino y ejercicio ya usado por don Porfirio, y cuyo estupor revelaba el notorio acierto del calificativo; y por supuesto, la falta de imaginación de los defensores del género, empeñados en casarse cuando que los ya casados se empeñan en divorciarse; fascinados con la idea de adoptar niños para hacerse la ilusión de que los tuvieron y otras demencias por el estilo, previstas, planeadas y ejecutadas para polarizar todavía más a la sociedad.

Sin duda que la celebración del bicentenario del inicio de la Independencia y del centenario de la Revolución se esperaban con muchas expectativas, pero fueron casi todas decepcionantes: una antorcha conmemorativa nacional ridícula, deprimente y deleznable, una gran comisión estatal del bicentenario que solamente fue usada como parapeto, que rara vez fue tomada en cuenta, que concentraba numerosos talentos y notables iniciativas, y que quedó en prácticamente nada, como si esa hubiese sido precisamente la estrategia: congregar a las personas capaces de iniciativa, para evitar que la desarrollaran, con la falsa esperanza de que la comisión sería el medio adecuado para dar seguimiento a sus proyectos. En cambio, varios de los convocados, como personas e instituciones, hicieron mucho más que la misma comisión, así de manera particular el Colegio de Jalisco, la Sociedad de Geografía y Estadística, el Instituto Dávila Garibi, el periódico católico Semanario, y otras iniciativas particulares. Más que la gran comisión, la secretaría de Cultura, en buena medida responsable del fracaso de aquella, logró por su parte editar cuatro cuadernos de historia regional en torno a la independencia que de momento han sido bien valorados aunque llegaran tardíamente a las aulas. Entre otras iniciativas tomadas por su cuenta, hay que destacar la rememoración de la batalla del puente de Calderón, asunto de por sí insólito, pues no se sabe si lo que se festeja es que Hidalgo haya sido allí derrotado, y que por lo tanto, Calleja haya triunfado, o si en realidad se lamenta el hecho y entonces no se sabe ya para que se recuerda, o un vaya usted a saber indefinido que suena a la búsqueda de justificaciones de una conmemoración heredada con poco análisis. Por lo menos logró llegar a la Rotonda la esposa de Pedro Moreno, doña Rita Pérez, por sus méritos en la insurgencia.

Por si los desfiguros y derroches celebrativos del D.F. no bastaran, Guadalajara se apuntó con un espectáculo de marionetas gigantes mandadas traer de Francia. Desde luego que el problema no fue el hecho de alquilar estos muñecos gigantes, ya que buena parte de los espectáculos que aquí se ofrecen son de importación, el desfiguro estaba en querer relacionarlos con las fiestas del centenario de la Revolución Mexicana así fuera con calzador. Y pues los tapatíos también somos mirones, así que apenas Televisa comenzó a hacerles propaganda, pues ahí va toda la gente, hasta la que piensa, a ver al “perro congelado” en el jardín del Santuario, al tío buscando a la niña, y el desorden imprevisto del tráfico citadino en el centro histórico donde hasta los socorristas de la Cruz Roja tuvieron que entrar en función de agentes de tránsito para evitar tener que entrar efectivamente en función de socorristas. Seguramente era una función para el chiquillerío y los muñecos en cuestión eran de última generación y elaborada tecnología. También fue muy alto el precio del alquiler, los franceses siempre han sabido vender bastante bien sus productos.

Fue notable en el ámbito cultural la exposición del genial pintor Clemente Orozco en el Hospicio Cabañas, sea por la bastedad de la obra exhibida, que por la misma museografía, seguida por una exposición a favor de la obesidad, pero de buena firma: Botero; exposiciones en proporción menor se realizaron en el Palacio de Gobierno con motivo del bicentenario. Posteriormente se reparará la fachada principal del Palacio en lo que se refiere al lienzo del portón central, en tanto se había ya concluido la impostergable reparación de la cúpula de la Catedral. Por su parte el Museo Regional continúo con su programa de exposiciones que contribuyen a darle vida a este antiguo espacio museográfico, al igual que el Museo de la Ciudad, en franca ampliación física. Al parecer para iguales fines se consumó la tan anhelada devolución del edificio del seminario Conciliar que a hasta este año ocupó la XV zona militar. Recordemos a este respecto que el gobierno carrancista confiscó este edificio en 1914, cuando apenas se había estrenado a fines del siglo XIX, y mantenía todavía partes sin terminar que así se quedaron hasta el día de hoy. Fue construido con el dinero de los tapatíos y dedicado a fines de Seminario, por lo mismo la confiscación fue en detrimento de los tapatíos, ojala y su devolución los favorezca.

En cuanto a las celebraciones tradicionales, Guadalajara las tuvo todas, tanto las nacionales como las regionales, lo mismo cívicas que religiosas, destacándose como suele ocurrir la Llevada de la Virgen el doce de octubre, y su antecedente: cuatro meses de fiestas y verbenas populares en todos los templos de la zona metropolitana con motivo de la visita de la venerada imagen religiosa. Y hay que decir que es una tradición que eventualmente ha debido enfrentar no pocos tropiezos, hoy en día sobre todo de parte de los disidentes que por muy cristianos que se hacen llamar no dejan de ser metiches, cualquiera sea la marca para la que trabajen; otra fuente de crítica y elitista separación de la identidad tapatía viene con la marca ITESO, y sus emisarios dejan ver su huella en uno que otro medio de comunicación local, con igual sorna y perplejidad. De todas maneras, casi dos millones de fieles concurrieron a la llevada de la Virgen, asistencia que ya se anunciaba desde el día anterior en que a partir de las 8 de la noche era prácticamente imposible entrar a la Catedral por la gran concurrencia de personas que iban, como se dice, a “despedirse de la Virgen”.

Otras celebraciones religiosas tradicionales en la localidad se dieron con igual empeño, así la participación en el miércoles de ceniza, las visitas a las siete casas el jueves santo que cerró la vialidad en el centro histórico por la gran cantidad de participantes, los lutos del viernes santo, y los festejos pascuales a partir de la tarde del sábado santo, las fiestas patronales en las parroquias, las asambleas de grupos religiosos no católicos y no cristianos, como el festival de los carros gigantes que promueven seguidores de deidades hindúes, la conmemoración de los fieles difuntos con su correspondiente visita a los cementerios y en abierta lucha de mestizaje con el Halloween, la fiestas guadalupanas que al caer en domingo mostraron una mayor concurrencia matutina, hasta llegar a las celebraciones de la Navidad que al menos conservan su convocatoria fuertemente familiar, sobreviviendo en el marasmo de la comercialización. En tanto continua la construcción del santuario de los Mártires sobre la falda del cerro del Tesoro, quedando ya casi concluidos los muros, en espera de recibir la techumbre.

En cuanto a las celebraciones civiles se siguen destacando las fiestas de octubre con su colosal y multitudinario desfile de apertura, al que se dan cita personas venidas de muchas partes del país, y también del extranjero; el resto de la fiesta son los espectáculos y verbenas que se organizan en el Auditorio Benito Juárez, y diversos actos culturales en el centro histórico y en los barrios tapatíos. Con menor alcance pero mucho brío se sigue teniendo en Guadalajara el festival internacional del Mariachi y la Charrería a fines de agosto y principios de septiembre, evento bastante sonoro, como se podrán imaginar.
Para lo cotidiano se cuenta con el paseo Chapultepec, los sábados por la noche, el domingo de bicicleta sobre el eje Mina-Vallarta, de 8 a 2 de la tarde, y espectáculos más o menos semanales en la plaza de la liberación.

En el ámbito deportivo, el equipo Guadalajara, alias “chivas”, estrenó su nuevo Estadio tipo platillo volador aterrizando, sólo que no en Guadalajara, sino en Zapopan, y previa bendición por parte del Cardenal arzobispo de esta ciudad. La inauguración, como cabía esperar fue espectacular tanto por los fastos realizados como por el fenomenal caos vehicular que provocó, cumpliendo cabalmente todos los temores y aún rebasándolos, a la vez que exhibía lo endeble de la autoridad municipal, tan fácil para dar permisos y todavía más fácil para cerrar los ojos cuando las condiciones no se cumplen.
Las ferias del libro a nivel municipal, este año fueron dos, al añadirse con óptimos resultados la feliz iniciativa de los libreros de viejo con su feria del libro usado. Por su parte la FIL, evento oficialmente de la UdG, tuvo como invitados nada menos que a los reinos de León y Castilla, cuna de nuestra lengua, generando la gran convocatoria internacional que ha logrado desde hace ya varios años. Ya para cerrar el año, la Orquesta Sinfónica del Estado ofreció su tradicional concierto en la plaza de la liberación, o de las dos copas, o de los tres poderes, o de usos múltiples, con buena asistencia y mejor ejecución.

Fue lamentable que comenzando el mes de diciembre se incendiara el mercado navideño que cada año se instala, legal pero indebidamente, en el espacio público del jardín de San José. Muchos comerciantes perdieron su inversión, y por razones que se ignoran consideraron que la entera ciudadanía teníamos la obligación de resarcirlos, error del que la autoridad municipal no los sacó, así que todos debimos cooperar para que los señores comerciantes se instalaran de nuevo y nos vendieran caros los productos que les habíamos ayudado a comprar. Cierto, se trataba de un préstamo, y por otro lado, hay que ser solidarios. De cualquier modo fue admirable la rápida respuesta primero de los heroicos bomberos, y luego de los trabajadores de Parques y Jardines, dados a la tarea de reparar lo reparable, replantar las áreas jardinadas y pedirle disculpas, a nombre de sus jefes, a los árboles afectados por el siniestro. Más lamentable todavía fue el colosal incendio que ocurrió en toda la ciudad la noche del último día del año, porque fue premeditado, a contracorriente de todas las recomendaciones, y provocado por un incontable número de alegres, festivos e irresponsables ciudadanos de esta otrora leal ciudad; ¿resultado? Amaneció chamuscado el primer día del año.

Concluyó así Guadalajara su último año de la primera década del siglo XX, con muchos logros, como los avances de soluciones quizá limitadas, pero no por ello desechables en pasos a desnivel concluidos o por concluir, como fue el caso del Periférico y Belisario Domínguez, la conexión entre la carretera libre a Zapotlanejo y el mismo periférico, el puente atirantado y el puente del Álamo, la importante obra de construcción privada que ha dado abundantes empleos, la nueva ley para refrenar a los conductores alcoholizados, las diversas iniciativas públicas y privadas a favor de la familia, los exitosos trabajos de prevención de incendios en el bosque de la Primavera, y muchos más. Pero también muchos pendientes que se quedaron casi intocados, por más que todo el tiempo manoseados, entre ellos se destaca:
– La inseguridad creciente, expansiva y cada vez más radical.
– La incompetencia o impotencia de las autoridades para meter en orden al transporte público.
– El imparable proceso de embrutecimiento de los automovilistas que no admiten autoridad ni freno.
– El crecimiento desordenado de la ciudad por todas partes.
– El atropello de cuantos lineamientos, leyes y normas haya y por haber en todo tipo de asuntos urbanos.
– La decadencia del ejercicio político y de la administración pública.
– El fracaso de los tibios intentos por mantener limpia la ciudad y poner alto al grafiteo de sus casas.
– La contaminación cada vez más alarmante de la zona metropolitana.
– El contagio de la violencia social llevado a las aulas escolares desde las primarias.
– La imparable pérdida del hábito de lectura.
– La imposibilidad funcional por mejorar el aspecto del centro histórico.
– El consumo cada vez más alto de narcóticos en todos los grupos sociales y a edades cada vez más tempranas.
– La terrible y lamentable politización partidista de proyectos y soluciones en favor de la ciudadanía y de su ambiente.
– La impunidad en el manejo de la cosa pública en los tres órdenes de gobierno.

Y Etc.