ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Reformas previas

20 de octubre de 2013

La razón fundamental de la reforma hacendaria, de acuerdo a lo declarado por funcionarios públicos, es recaudar mayores ingresos que faciliten la gestión del país, así lo dijo el Presidente Peña Nieto durante su reciente viaje al extremo Oriente.

 

La ciudadanía por su parte puede cuestionar las reformas propuestas, pero sobre todo debe preguntarse primeramente de qué manera se está gastando lo que ya de por sí el Gobierno tiene, por qué motivos no les ajusta, y que suerte correrán los nuevos ingresos, de aprobarse la ley.

 

Partiendo de lo más elemental, el manejo de la economía doméstica, un padre de familia puede soñar con adquirir una mansión de lujo, pero como no le ajusta con lo que gana, es obrero, basta con que se presente ante el gerente y le exija un sueldo cincuenta veces mayor, con el lúcido argumento de que lo necesita para vivir mejor. No es de este modo como funcionan las cosas.

 

El Gobierno recibe de la ciudadanía tanto el poder para explotar los recursos naturales del país, como parte del producto de su trabajo a través de los impuestos, con la certeza de que serán manejados de la manera más productiva. Si al Gobierno no le ajusta el contribuyente le puede exigir que se adecue a lo que recibe, pero sobre todo que muestre en qué está gastando el dinero.

 

Resulta lastimoso que una revista de glamour sea quien nos dé parte de la respuesta que el ciudadano pide: “los restaurantes a los cuales acuden diputados federales y senadores”, por cierto, no se trata de restaurantes comerciales, menos aún de fondas, no va con el estilo de los políticos mexicanos. Una respuesta más, de la misma revista: quienes son los afamados modistas que visten a los gobernantes y a sus consortes, que marcas de ropa, relojes, bolsos, calzado, lociones y perfumes llevan consigo, en tanto más del cincuenta por ciento de la población mexicana vive en situación de pobreza. Es inevitable recordar aquellas fotos del porfiriato, donde elegantes damas de alto y emplumado sombrero pasan entre gente apenas vestida con andrajos. ¿Y el avión presidencial, que con un costo de 6 mil millones de pesos será el más caro del mundo?

 

Antes de pensar en una reforma hacendaria, debieron proceder a reformas previas de la mayor urgencia que dieran al ciudadano una señal positiva de que su dinero será bien empleado: reducción de la nómina burocrática; reducción drástica de los integrantes de los congresos federal y estatales, incluyendo si no la desaparición, sí la reducción del Senado; adecuación de los salarios de primeros y segundos niveles a las percepciones promedio de los profesionistas de clase media, sujeto desde luego a los resultados concretos de su gestión; sanciones efectivas y constatables a cuantos sean responsables de fraudes, contrataciones abusivas, dispendio, distracción del presupuesto en gastos indebidos, enriquecimiento ilícito, pago de obras a sobre precio, ineptitud en el desempeño del cargo. Entonces sí se darían las condiciones para pedir más recursos, de otra forma no hacen sino exacerbar los ánimos ya de por sí tan caldeados.