ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Relaciones ¿humanas?

24 de enero de 2016

Probablemente se trata de un fenómeno cada vez más histórico y por lo mismo, menos actual. En su origen expresaba la forma y sentido en que los seres humanos se relacionaban entre sí con el fin de crear espacios de conocimiento y amistad, de afinidad y matrimonio, de coincidencia y solidaridad en el campo de los objetivos y los compromisos trascendentes. Las relaciones humanas giraban en espacios orientados a ideales y metas, a través de relaciones estables que se iban profundizando sea para consolidar amistades, para mejorar la sociedad, que para constituir una familia.

 

Hoy día las cosas son distintas. El punto de partida es la consideración del hombre como un individuo reducido a la satisfacción de necesidades naturales, siendo la más importante de todas, su afán de libertad, no de la libertad interior, de la libertad de sí mismo, sino de un afán de libertad entendida como la posibilidad de hacer lo que quiera y permanecer inmune, es decir, una especie de libertad neurótica, exacerbada, que no se concilia con normas, compromisos o responsabilidades de ningún tipo.

 

En este afán de libertad enfermiza, el ser humano convierte sus necesidades naturales en verdaderos vicios que ya no podrá satisfacer jamás, pues la naturaleza del vicio y la razón de su permanencia, es precisamente la insaciabilidad. Ni toda la cocaína del mundo, ni toda la heroína del mundo, ni todo el tequila del mundo, ni todo el sexo del mundo, ni todas las mujeres u hombres del mundo, ni cualquier otro satisfactor reducido a vicio, podrá saciar jamás a quien padece este mal.

 

Así resulta que los seres humanos de hoy no buscan personas, sino satisfacciones pasajeras, no buscan satisfacer necesidades, sino saturarlas, no buscan amistad, sino complicidad. El amor, la compasión, la solidaridad, son palabras huecas, que han perdido su sentido.

 

Y si esto ocurre en el ámbito de las relaciones entre las personas, y de la relación entre persona y naturaleza, debe entenderse que las relaciones que se entablan en la sociedad urbana y particularmente en el campo laboral, se vuelven igualmente sinuosas, de alto riesgo. Los vecinos de la casa y de la cuadra, los compañeros de trabajo, los transeúntes, los automovilistas, acaban siendo todos enemigos de mi libertad, de mis gustos y antojos, de mis caprichos, de mis anhelos desaforados; eventualmente la misma familia, la de procedencia, acaba siendo vista como un obstáculo, como un problema que en todo caso hay que obviar. Pensar en construir una familia propia o resulta suicida para quienes con estas actitudes lo intentan, o es un ideal que ya no se quiere tener.

 

En un mundo inundado de satisfactores codiciables, los seres humanos se están reduciendo a ser parte de esos satisfactores, cuyas características fundamentales son tres: baratos, placenteros y desechables.

 

Ahora los sociólogos, antropólogos, y psicólogos tendrán el reto de responder si este tipo de nuevas relaciones “humanas” son sostenibles, si garantizan la sobrevivencia de la especie y en qué condiciones, y sobre todo, cual es el futuro inmediato para este mundo de personas individualistas y anárquicas.