ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Retrato de familia

9 de septiembre de 2012

El retrato de familia ha evolucionado lo mismo en su enfoque como en las actitudes que adoptan quienes han de ser retratados. De las poses estudiadas, estáticas, románticas de las primeras fotografías, se ha pasado a las poses igualmente estudiadas pero cuyo fin es producir el efecto de lo improvisado, del momento real, sorpresivo, que capta la emoción del instante.

 

Hoy las videograbaciones que anteceden el momento de la foto oficial nos ofrecen circunstancias incomparables que superan en mucho el resultado final plasmado en papel. En días pasados el presidente electo de México presentó a su nutrido equipo de transición, y los medios de comunicación grabaron con pertinencia los instantes previos a la toma de la foto de rigor. El estrado al cual subieron se volvió insuficiente, pero funcionó muy bien como pasarela. Ahí estaba no sólo una buena cantidad de personas, sino los representantes de la clase social que gobierna al país, tal vez los que sí pudieron ir a las universidades, seguramente los familiares y amigos de amigos y familiares de personas del primer círculo. Todos expresaban el nerviosismo gozoso de quien ha sido elegido, sonreían, estrechaban manos, se daban palmadas, era como si se hubiesen sacado la lotería o estuvieran a punto da hacerlo; en nadie podía apreciarse el rostro reflexivo, grave, de quien asume una seria responsabilidad.

 

Con la fatalidad de las sociedades cíclicas, la maquinaria se ha echado a andar nuevamente, de aquí en adelante el marasmo de las expectativas se ha desatado, porque hay cientos y cientos de puestos para ocupar, bastaría pensar en la infinidad de institutos, comisiones y organismos federales, con sus complejas estructuras, todo lo cual se traduce finalmente en una extraordinaria nómina burocrática de instituciones cuyo beneficio social raramente puede observarse, a no ser en el hecho de dar empleo a muchos simpatizantes, aún si ese empleo consista en no hacer nada.

 

Por eso cada rostro sonriente refleja las expectativas en puerta, ahora tienen el poder de llamar colaboradores, así sea para la transición, con mayor razón si logran pasar a la nómina definitiva, la que realmente cuenta, la del sexenio, en esa escalada férrea que inicia con sueldos que no se ven ni en las grandes potencias mundiales; y de ahí hacia abajo, no importa el monto a recibir, sino estar en el sitio donde ese monto se puede fácilmente multiplicar. Quienes pensaban en la continuidad siguen lamentando su nueva condición, no supieron cambiar a tiempo de bandera, no advertían la debacle, se habían enganchado de más; si eran de los primeros niveles tienen el consuelo, quizás, de lo mucho ahorrado, de otra forma, a trabajar de veras.

 

Otros, los que no habían ganado antes y pensaban lograrlo ahora, están en peor situación, reclaman un escape, una satisfacción, un bono de consuelo, sobre todo considerando que sus líderes no habrán de pasar hambre por el hecho de no haber triunfado, al fin y al cabo, siendo líderes como lo son, ya tienen el futuro asegurado. No, no hay tiempo para tomarse el retrato de familia, saldrían todos descompuestos y agitados, en contraste con sus jefes, siempre muy bien peinados.