ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Romería de San Pedro

28 Junio 2015

No se sabe cuándo ni por qué se acabó la tradicional romería que de Guadalajara se hacía hacia la cercana villa de San Pedro el 29 de junio, con aguacero asegurado. Era toda una fiesta, desde temprano cientos de tapatíos a caballo, en burros, en carretas adornadas, realizaban este peregrinaje, donde era común que los carruajes se atascaran, las muchachas se cayeran de los burros y desde luego, se viniera una buena tormenta. Primero el tranvía y luego el automóvil se incorporaron igualmente a este peregrinaje, de modo que la romería, a principios del siglo XX era todo un muestrario de las diversas formas que para llegar a san Pedro tenían los tapatíos; en el entorno del viejo camino muchas familias solamente acudían a tal punto de la ruta para comer en el campo y divertirse viendo pasar a los romeros con las referidas dificultades y tantas otras más. Pero ¿cuál habrá sido el origen de esta romería?

La relación entre la villa de San Pedro y Guadalajara comenzó a intensificarse en el siglo XVIII, a partir de la segunda mitad, cuando destacadas familias tapatías eligieron esa población como un sitio de veraneo, a comenzar por el empresario Ramón Fernández Barrena, ejemplo que siguieron enseguida muchos otros.

A lo largo del siglo XIX estas familias modificarán la mitad poniente del poblado, edificando enormes y señoriales casonas que son todavía hoy uno de los más ricos patrimonios arquitectónicos de la villa. Desde luego ya desde antes la fabricación de loza había relacionado a la ciudad con San Pedro, pero este nuevo aporte le dará todavía mayor prestancia.

Seguramente estos elementos incrementaron el atractivo de la fiesta que cada año se hacía y aún se hace en dicho sitio al apóstol san Pedro, donde la feria y la devoción jugaban parejo. Por esos años y hasta mediados del siglo XX el camino iniciaba en la garita justamente llamada de San Pedro, de la cual sobreviven algunos vestigios a espaldas del monumento a la bandera, de ahí hasta la “pila seca”, punto de ingreso al poblado no transcurren más de seis kilómetros, pero se extendían en medio del campo, con abundancia de árboles y tierras labrantías, arroyos de temporal y suaves elevaciones, el sitio ideal para un día de campo, y la gente de Guadalajara se lo tomaba, sobre todo el día de San Pedro.

Con el tiempo esta famosa romería se acabó. Algunos atribuyen el ocaso de esta caminata a la introducción del tranvía, a tal punto que el año en que el tranvía falló, 1945, la romería de nuevo tuvo lugar, otra razón pudo ser la urbanización de la zona que excluyó cualquier posibilidad para un día de campo. De cualquier modo las noticias de la época, particularmente entre 1930 y 1950, van advirtiendo un paulatino abandono de la tradición, cada vez menos concurrida, hasta finalmente desaparecer allá por los años cincuenta del pasado siglo.

En San Pedro la fiesta y la feria se mantienen, y sus ecos siguen llegando a Guadalajara, de donde seguramente seguirán acudiendo muchas personas, pero aquella vinculación anual de la romería dejó de existir.