ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Salud comunitaria

25 de abril de 2015

“No se hagan bolas” dijo un conocido presidente mexicano a propósito de un candidato presidencial. La frase no podía ser más correcta, pues frecuentemente es eso lo que con más éxito logramos. El número total de responsables de la vida ciudadana en Jalisco y en México es casi incontable, todos con un salario asignado en pago a un trabajo determinado; no obstante y a pesar de ser tantos, pareciera que lo único que logran es hacerse bolas. Este ejercicio inútil es consecuencia de la falta de un liderazgo firme y asertivo que identifique las metas, los medios y los tiempos para alcanzarlas, con un esfuerzo sostenido de coordinación y rápida enmienda de cualquier desvío. La táctica de poner al frente de los mandos a gente de confianza, sea o no capaz del trabajo que se le confía, ha resultado catastrófica, aún si se trataba de personas en principio honestas.

 

Un ejemplo que lleva ya varios años en escena es el desastre ecológico que vive buena parte del Estado de Jalisco, y desde luego, que sufre la mayoría de sus habitantes, concentrada en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Esta crisis la provoca fundamentalmente la cuenca del Río Lerma Santiago, río extinto que hace mucho dejó de pasar por ese hermoso cauce que es la Barranca, para dejarle sitio al drenaje de medio México, situación que convirtió el Salto de Juanacatlán en el salto de la muerte, expansiva, volátil, burbujeante, difusa y contaminadora, criadero de moscos y agresión constante a la salud de todos. Sexenios y trienios han pasado con todo tipo de declaraciones y promesas sin que se haya llegado a una solución efectiva. En cambio la Presa del Zapotillo va viento en popa, ya que la gente de Guanajuato tiene más derecho al agua limpia del Río Verde que nosotros; y es precisamente Guanajuato uno de los estados que más contamina la cuenca del Lerma y el Estado que habitualmente le niega al Lago de Chapala los aportes acuíferos a que tiene derecho.

 

Como la mejor expresión de la demagogia, el tema se hace importante sólo de manera eventual y mediática, pasada la emergencia con la consabida presencia in situ de los funcionarios implicados, todo vuelve a la “normalidad”. Lo importante no es pues solucionar los problemas, sino salirle a las crisis publicitarias que se originen anunciando, entre otras cosas, la creación de una comisión específica, misma que desde el principio se hará bolas.

 

Y es que no pocos responsables de la gestión pública son especialistas en la identificación de obstáculos, dificultades y carencias, y muy pobres en la propuesta de soluciones creativas, prácticas y económicas. Cuando repunte la epidemia del dengue se buscará de nuevo atajar los efectos, así sea a chanclazos, ya que las causas siguen intocadas.