ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

San Miguel Totolapa

9 de noviembre de 2014

El Estado de Guerrero tiene 81 municipios, aunque casi todos están en tierra caliente, se habla de las partes altas de dicha zona, donde se ubica entre otros, el municipio de Telolapan, situado entre el municipio de Iguala y el Estado de México. En esas tierras de muy difícil acceso se afirma haber visto a los normalistas secuestrados, y ahí mismo separados en grupos, para de nuevo perderse en la bruma de su accidentada geografía. Un poco más al occidente se encuentra el municipio de San Miguel Totolapan, donde a principios del presente año hubo un verdadero combate campal con saldo de 27 muertos, muchos heridos y también personas desaparecidas, las noticias regionales hablaron de la toma de la plaza, las nacionales no dijeron nada. Tampoco se sabe quiénes tomaron la plaza o a quiénes se las tomaron, ni lo que hizo o dejó de hacer la autoridad estatal o federal.

 

La realidad social de Guerrero es bastante más cruel, pobreza, enfermedades, marginación, injusticia, emigración, abandono de las autoridades, escuelas cuyos profesores apenas si se asoman dos o tres días por semana. Falta de caminos frustra todos los años la salida de las cosechas, el abuso de los intermediarios hace inútil el cultivo de las huertas, hay una permanente ausencia de los servicios básicos y un horizonte poblado de desesperanza.

 

En este ambiente de miseria y escasas oportunidades de progreso irrumpe la delincuencia organizada, imponente, imparable, armada, protegida y con abundantes recursos económicos para añadir a la pobreza y la injusticia los levantones, los secuestros, los asesinatos, el cobro de cuotas, provocando que familias enteras emigren por el miedo y la inseguridad que se está viviendo.

 

Toda esta región forma parte de una circunscripción eclesiástica, la diócesis de Ciudad Altamirano, cuyos efectivos no se han visto libres de todo tipo de agresiones, el propio Obispo, algunos sacerdotes y seminaristas han sido víctimas de robo, secuestro y extorsión, también han sido asesinados los sacerdotes Habacuc Hernández Benítez, Joel Román Salazar, Ascensión Acuña Osorio, y dos preseminaristas, por haber levantado su voz en contra de este clima de opresión y abandono. Estos crímenes permanecen impunes, como impune parece permanecer todo cuanto sucede en Guerrero.

 

El pasado 28 de octubre los habitantes de varias comunidades de esta región han decidido prácticamente levantarse en armas, con lo que puedan, carabinas, machetes, palos. Nada que ver con los normalistas de Ayotzinapa, y todo que ver con la condición general que guarda el Estado de Guerrero. ¿Autodefensas? No sabemos bajo qué rubro puedan ser luego calificados, ni el derrotero que siga su iniciativa a la luz de lo ocurrido en Michoacán, lo evidente es la desesperación, la impotencia, y el hartazgo.

 

Mientras tanto el Gobierno federal, el radio y la televisión mexicana dedican horas y días enteros para hablar con lujo de detalle del acucioso operativo que llevó a la captura del alcalde de Iguala y de su respetable esposa, mostrando que fue más fácil dar con 2 que con 43.