ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

San Sebastián del ocaso

19 de abril de 2015

Lo acontecido en Ocotlán y en San Sebastián del Oeste no puede interpretarse como una simple reacción de la delincuencia a lo ocurrido en Zacoalco, aunque en una primera lectura así lo parezca. No obstante las secuelas se presentan como señales que deben ser analizadas.

 

Las corporaciones policiacas lamentan la ausencia de solidaridad social frente al asesinato por emboscada de 15 de sus elementos. En efecto, ninguna organización social o estudiantil, pública o privada se lanzó a las calles en protesta por la masacre. La explicación es diversa. Desde luego los policías estaban armados, cumplían con su deber, respondieron a la agresión, y lamentablemente fueron sobrepasados.

 

Quince personas o una sola, son valiosas. Pero hay que multiplicar quince por cada una de sus familias, de sus esposas e hijos para los cuales una pensión no cubre la ausencia de un padre y esposo.

 

Pero pesa también el descrédito que por tantos años ha debido cargar la policía con o sin culpa, hasta el punto de no provocar en la ciudadanía la espontánea respuesta de apoyo y solidaridad esperada, a menos que el propio gobierno la organice, la promueva y empuje, como está ocurriendo.

 

En un escenario de guerra como es el que tenemos, incorporarse a la policía municipal o estatal, o finalmente al mando único, es una decisión del más alto riesgo, a cambio de una ganancia siempre ínfima; pero para algunos puede ser la ocasión de beneficios mayores obtenidos por otro tipo de medios, razón permanente de un desprestigio que en el presente ha rayado en la crueldad.

 

Que los zetas, los templarios, la familia, la nueva generación o los viagras, van y vienen por Jalisco es algo que al parecer solamente la autoridad ignora. También ignora la ciudadanía lo que verdaderamente pasa, cuál es la relación de fondo que estos grupos establecen con individuos que forman parte del estado en sus tres poderes, cuáles son los acuerdos, cuándo éstos se rompen, las razones por las cuales se cambian, o la infinita serie de intereses que hay atrás de toda esta podredumbre. Lo que sí sabe la sociedad es que le toca pagar a ella el alto costo de todas estas corruptelas.

 

Y mientras por acá las declaraciones oficiales abundan y se promueven acciones, en otras latitudes, tan semejantes a la nuestra, se deja en libertad “condicional” a un sujeto que llevaba una tan buena y familiar relación con Servando Gómez, por las consabidas y perpetradas fallas de proceso. La señal es buena para los políticos en alianza con la delincuencia, les sigue mostrando que no les va a pasar nada.

 

Los tiempos son malos, ya el año pasado golpearon Ayutla y el Grullo, antes habían pegado en Lagos y en la misma ciudad de Guadalajara. El problema no es nuevo, viene desde hace ya varias administraciones, que se lo han ido pasando de una a otra sin resolverlo, razón por la cual se ha ido agravando, y hoy pareciera fuera de control, o mejor dicho, el control está pasando peligrosamente del gobierno establecido, al gobierno delincuencial.