ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Seguir el juego

12 de junio de 2016

Cuando solamente el PRI ganaba a lo largo y ancho de la República mexicana, todos los medios de comunicación refrendaban el triunfo con todo tipo de frases, se había nuevamente votado por la estabilidad, por la certeza, por el futuro, por la continuidad, por la institucionalidad, por el equilibrio de las fuerzas y la armonía del poder.

 

Cuando el PRI dejó de ganar en todas partes, los medios hablaron de que había triunfado la alternancia, se había quebrado el monopolio, se rompió el continuismo, México había dado un paso hacia adelante en el desarrollo democrático, el futuro nos había alcanzado.

 

Cuando el PRI volvió a recuperarse los medios lo informaron con frases parecidas, aunque cada vez con mayor cautela; de cualquier manera el que gana gana; pero ahora de nuevo perdió y los medios no han sabido de bien a bien cómo anunciarlo.

 

Algo parecido ocurre ahora con el PAN. Apenas unos días antes del 5 de junio los comentaristas afirmaban que dicho partido estaba muerto y sepultado, y que en todo caso había que poner atención a MORENA. Hoy las frases van en la línea del partido resucitado, del triunfo inesperado, de la recapitulación de fuerzas.

 

Del otro montón de partidos nadie dice nada, ya ni siquiera del PRD, y si alguno llega a perder el registro, la nota al respecto es marginal; son partidos hechos para los reajustes, son los cinco centavos con lo que se completa un peso, y ellos lo saben y juegan su rol de manera impecable y provechosa.

 

De los discursos de los presidentes de partido no vale la pena decir palabra alguna, si bien los medios los reportan con toda claridad, sobre todo los caricaturistas; lo que tal vez ningún político ve son las condiciones de la realidad que producen esta diversidad de resultados, esas señales rojas que está enviando una sociedad que todavía cree en las posibilidades de la democracia, pero ya no por mucho tiempo.

 

El fatídico “seguir el juego” no se refiere sólo a los medios de comunicación, sino sobre todo a los candidatos ganadores en el campo de la alternancia que pueden pensar que lo importante era ganar, sacar del poder al que estaba, como tantas veces se pensó y se dijo con Vicente Fox, y tantas más se lamentó amargamente como la oportunidad perdida de México.

 

No basta con seguir el juego, no basta con llegar al poder, éste no debe seguir siendo la meta de oportunistas fascinados con ser legisladores, gobernadores o presidentes, para luego de lograrlo no saber qué hacer con el cargo, porque ellos solamente querían el título, los honores y los honorarios, ignoraban que hubiera que hacer algo, carecían de un proyecto para la sociedad, por lo mismo se dedicaron únicamente a cuidar la silla.

 

Ahora sigue lo bueno, sobre todo en estados como Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo. Ahora sabremos quiénes fueron los verdaderos electores y si nuevamente las expectativas de una sociedad cada vez más aplastada por la impunidad y la corrupción, por la delincuencia y la marginación, pueden ser siquiera medianamente cumplidas. La alternancia que México verdaderamente requiere no es ya de partidos, es de sistemas.