ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Si Madero viviera

14 de noviembre de 2010

Hace 100 años Francisco Madero aguardaba impaciente el resultado de una convocatoria que hacía 34 años no se había vuelto a escuchar en México: levantarse en armas para defender el respeto al voto y suprimir la reelección. En efecto, la revolución proclamada por Madero buscaba hacer efectiva la democracia.

 

Hasta su época, el mito político mexicano había consistido en creer a ojos cerrados en el poder que las leyes tienen, por sí mismas, para modificar la idiosincrasia de los pueblos y llevarlos al progreso sin paradas intermedias. Ahora se le atribuía al sufragio efectivo todo ese ansiado poder en favor de un país escarnecido por las consecuencias incontrolables del agresivo capitalismo liberal y de la prolongación en el poder de un solo hombre.

 

En menos de dos años los ideales de Madero fracasaron y el mito pasó a serlo él mismo, mártir de su proyecto, y excusa perfecta para hundir a la nación en una larga guerra de caudillos decididos a convertirse en el mismo hombre fuerte al que Madero hizo renunciar. Sufragio efectivo y redención social pasaron a segundo plano, junto con Villa y Zapata.

 

El imperio de la anarquía resultante resucitó de nuevo el ideal porfirista del “orden para el progreso” así fuera a costa del sufragio efectivo, de la no reelección y de la redención social, se formaliza entonces la dictadura del partido oficial, se negocia con los cacicazgos de toda índole y poder, se acaba mitificando a la revolución misma, y se consuma una vez más la sustitución de la nación a manos de sus instituciones.

 

Cien años después no solamente la nación permanece sustituida, sino que las mismas instituciones han sido usurpadas por nuevos amos, los partidos políticos, de los cuales depende el Gobierno. La sociedad por su parte se halla dividida entre las nuevas generaciones por lo común ajenas al presente y al futuro del país, y las generaciones maduras y mayores cada vez más irritadas ante la situación y cada vez con menos posibilidades para modificarla dentro del marco legal, rígido y manipulado por los beneficiarios del poder.

 

Este escenario de usurpaciones históricas se enrarece ante la expansión crítica de la anarquía social que lo mismo seduce a los ciudadanos que a sus organismos públicos y privados, y ahí de donde debiera esperarse la aportación de la inteligencia y la racionalidad, del respeto a la gente y a su trabajo, surgen en cambio nuevas amenazas. Nos bloquean 100 puntos del tránsito urbano por cinco minutos, como aviso de que pueden agredirnos mucho más, precisamente a la ciudadanía que con sus impuestos sostiene a la Universidad, ciudadanía convertida en rehén y mandadero de sus luchas legítimas o ilegítimas, pero ilegalmente sostenidas, a no ser que bloquear las vías de comunicación ya no sea delito a fuerza de tanto hacerlo.