ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Sin novedad en el frente

12 de julio de 2009

La muerte del joven poeta en las trincheras de la primera guerra mundial es tan irrelevante para las grandes cuestiones de la política militar, que el parte de ese día reportó “sin novedad en el frente”. La muerte repetitiva de los ideales democráticos en las trincheras del partidismo mexicano da también el mismo reporte: no hay novedad en el frente. Hay trifulcas, desengaños, carroña a vastedad, sorpresas, batidillos y cuanto puede esperarse de un sistema de partidos que se haya por completo corrompido.

 

Abundan también los adivinos de lo inefable, los que tratan de explicarse el resultado de las pasadas elecciones acudiendo a todo tipo de hipótesis tanto a nivel local como estatal y nacional, pero también los analistas de la perplejidad, de las estadísticas, de las cifras, de los comparativos, de las cuestiones cuyas respuestas, al parecer, serían de una terrible densidad.

 

¿Por qué ganan partidos cuyos gobiernos han sido señalados como corruptos o ineptos? ¿Inercia social o complicidad social? ¿Y los partidos que pierden, cuyos gobiernos son semejantes, se debe precisamente a eso el que hayan perdido? Entrar en estos pantanos es inútil y hasta peligroso, máxime que desde hace ya mucho tiempo las contiendas electorales dejaron de ser contiendas sociales para convertirse en meras batallas partidistas, donde se negocian pérdidas y victorias ajenas a la voluntad popular expresada en las urnas; acaso por eso prácticamente la mitad de la población mexicana en edad de votar, dejó simplemente de hacerlo, pese a la insistencia, desde todos los ámbitos, para que la gente votara.

 

En el mundo de la política hay personas muy capaces y a veces hasta honestas, que deben lidiar una y otra vez con dos tipos de gentes en sus gobiernos o partidos, los inútiles inofensivos aunque torpes, y los inútiles peligrosos, que pese a sus reiterados fracasos en el servicio público, se obstinan en seguir dentro de la esfera política, espacio ideal de su conocido maquiavelismo. Esta explosiva mezcla puede explicar más de un alboroto postelectoral en el seno de los partidos, en la constitución de los gobiernos estatales, municipales o federales de los tres poderes.

 

Al margen del circo partidista y de los sainetes que el partidismo dentro del partidismo provoca, nos resulta claro que la gran cuestión de la democracia efectiva y participativa, sigue en lista de espera, que los ganadores de todas partes están felices por los próximos tres años de prosperidad económica que les aguardan, gobernando una sociedad cautiva por los cerrojos constitucionales e inevitablemente apática ante el uso que se da a sus recursos, persuadida de los enormes obstáculos que habría que vencer para que la cosas de verdad cambiaran.

 

Pero siendo como somos seres humanos, no dejamos de soñar y de encender luces que muestren el camino, esas luces pueden provenir en este momento del liderazgo de la iniciativa privada y de los organismos sociales independientes, que al menos de momento parecen tener más ideales que intereses en este asunto de lograr una gestión pública efectiva.