ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Sociedades de connivencia

27 de octubre de 2013

El estado es el sistema de organización que la sociedad establece para lograr sus fines primordiales de sobrevivencia, defensa, seguridad y progreso. Dicho estado se inscribe en un determinado sistema histórico de gestión; por lo común la sociedad ha oscilado entre sistemas monárquicos o democráticos de variado estilo, y que suponen una serie determinada de instituciones. Una vez elegido el sistema, la misma comunidad lo pone a cargo de un gobierno, cuyos integrantes pueden prestar su servicio de manera gratuita o a cambio de un pago fijado por la misma sociedad que los contrata.

 

Pero cuando el gobierno no logra satisfacer ni siquiera los fines primordiales para los cuales fue instituido, la sociedad debe plantearse con toda seriedad el análisis tanto del estado, como del sistema y del gobierno, para descubrir en qué nivel se ubican las causas de esta falta de resultados. Las causas pueden deberse a ineptitud, lo cual se arregla con capacitación de las personas, o su remplazo si la ineptitud es incorregible. También puede tratarse de obsolescencia o caducidad lo cual exigiría una reforma del estado o sustitución del sistema que ya no responde a las nuevas condiciones de la realidad. Otra causa posible podría ser la perversión sea del estado, que del sistema o del gobierno.

 

Por perversión habría que entender cuando las instituciones estatales no solamente impiden que se logren los fines para los cuales las instituciones han sido establecidas, sino que éstas se ponen al servicio justamente de los fines opuestos. A todo ello se le llama colusión, connivencia, corrupción, y se expande y multiplica en un estado de impunidad.

 

En múltiples aspectos, la comunidad mexicana ha permitido la instauración de una sociedad de connivencia, es decir, un estilo de país donde todos acaban siendo cómplices de sus propios males, y a la vez, relativamente beneficiarios del mal ajeno, ganancia que propicia la perpetuación de la connivencia; afianzada esta manera de ser como país, resulta lógico aunque lamentable que sea el propio Gobierno su principal promotor, y por lo mismo el principal obstáculo para cambiar este estado de cosas, pues ya desde antes se ha operado una especie de alienación mutua entre sociedad y Gobierno, el Gobierno se cree distinto y superior a la comunidad, y ésta se siente y acepta como ajena por completo al Gobierno; los ejemplos son tantos y tan constantes que mencionar el caso del Congreso estatal de Jalisco, sería apenas señalar un foco rojo dentro de una constelación de focos cada vez más rojos.

 

Un principio de solución a esta dramática realidad es que la comunidad recupere la conciencia de su soberanía social y su autoridad sobre el estado, el sistema y el gobierno, lo cual exige romper con la connivencia; socializar esta recuperación tiene como posible camino la promoción y el fortalecimiento de las organizaciones sociales no gubernamentales, cuyo éxito dependerá de la no admisión, bajo ninguna condición, de personas vinculadas con partidos políticos o sindicatos, pues casi de manera invariable portan el virus de la corrupción que las organizaciones no gubernamentales tenderían a superar.